Amigos Católicos


Lugar de encuentro de católicos de todo el mundo.

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 110)»

Lugar de encuentro de católicos de todo el mundo para realizar peticiones de oración y reflexionar, en español, sobre temas católicos. Este foro pertenece a AMIGOS CATÓLICOS y está sujeto a unas normas que deberás aceptar para participar. Este foro está moderado por Antonio(Webmaster), por lo que cualquier mensaje inadecuado será eliminado.

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 110)»

Notapor esoto » 09 Abr 2018 16:12

Imagen

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
«GAUDETE ET EXSULTATE»

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

"SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL"

Imagen

CAPÍTULO CUARTO:

ALGUNAS NOTAS DE LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

Imagen

Punto 110.
Dentro del
gran marco
de la santidad
que nos proponen
las bienaventuranzas y
Mateo 25,31-46,

quisiera recoger
algunas notas
o expresiones
espirituales que,
a mi juicio,
no deben faltar
para entender
el estilo de vida
al que el Señor
nos llama.

No me detendré
a explicar
los medios de
santificación
que ya conocemos:
los distintos
métodos de oración,
los preciosos
sacramentos de
la Eucaristía y
la Reconciliación,
la ofrenda de sacrificios,
las diversas formas
de devoción,
la dirección espiritual,
y tantos otros.

Solo me referiré
a algunos aspectos
del llamado a
la santidad
que espero
resuenen de
modo especial.

Imagen
-------------------------------------------------------------
Para ver el texto completo, pulsar en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html

Imagen
-------------------------------------------------------------
Imagen

«ALEGRAOS Y REGOCIJAOS»

Imagen

Punto 1.
«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12),

dice Jesús a los que son
perseguidos o humillados
por su causa.

El Señor lo pide todo,
y lo que ofrece es
la verdadera vida,
la felicidad para
la cual fuimos creados.

Él nos quiere santos
y no espera que
nos conformemos
con una existencia
mediocre,
aguada,
licuada.

En realidad, desde
las primeras páginas
de la Biblia está presente,
de diversas maneras,
el llamado a la santidad.

Así se lo proponía
el Señor a Abraham:

«Camina en mi presencia
y sé perfecto»
(Gn 17,1).

Imagen

Punto 2.
No es de esperar aquí
un tratado sobre
la santidad,

con tantas definiciones
y distinciones
que podrían enriquecer
este importante tema,
o con análisis que
podrían hacerse
acerca de los medios
de santificación.

Mi humilde objetivo
es hacer resonar
una vez más
el llamado
a la santidad,
procurando
encarnarlo
en el contexto actual,
con sus riesgos,
desafíos y
oportunidades.

Porque a cada uno de nosotros
el Señor nos eligió
«para que fuésemos santos
e irreprochables ante él
por el amor»
(Ef 1,4).

Imagen

CAPÍTULO PRIMERO:
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

LOS SANTOS
QUE NOS ALIENTAN
Y ACOMPAÑAN

Punto 3.
En la carta a los Hebreos
se mencionan distintos testimonios
que nos animan a que «corramos,
con constancia, en la carrera
que nos toca»
(12,1).

Allí se habla de Abraham, de Sara,
de Moisés, de Gedeón y de varios más
(cf. 11,1-12,3) y sobre todo
se nos invita a reconocer
que tenemos «una nube
tan ingente de testigos» (12,1)
que nos alientan a no
detenernos en el camino,
nos estimulan a seguir
caminando hacia la meta.

Y entre ellos puede estar
nuestra propia madre,
una abuela u otras
personas cercanas
(cf. 2 Tm 1,5).

Quizá su vida
no fue siempre
perfecta,
pero aun en medio
de imperfecciones y caídas
siguieron adelante
y agradaron al Señor.

Imagen

Punto 4.
Los santos que ya han llegado
a la presencia de Dios
mantienen con nosotros
lazos de amor y comunión.


Lo atestigua
el libro del Apocalipsis
cuando habla de
los mártires
que interceden:

«Vi debajo del altar
las almas de los degollados
por causa de la Palabra de Dios
y del testimonio que mantenían.

Y gritaban con voz potente:

“¿Hasta cuándo,
Dueño santo y veraz,
vas a estar
sin hacer justicia?”»
(6,9-10).

Podemos decir que
«estamos rodeados,
guiados y conducidos
por los amigos de Dios […]

No tengo que llevar
yo solo lo que, en realidad,
nunca podría soportar yo solo.

La muchedumbre de
los santos de Dios
me protege,
me sostiene y
me conduce» [1].


[1]
Benedicto XVI,
Homilía en el solemne
inicio del ministerio petrino

(24 abril 2005):
AAS 97 (2005), 708.

Imagen

Punto 5.
En los procesos de beatificación y canonización

se tienen en cuenta los signos de heroicidad
en el ejercicio de las virtudes,
la entrega de la vida en el martirio
y también los casos en que se haya verificado
un ofrecimiento de la propia vida por los demás,
sostenido hasta la muerte.

Esa ofrenda expresa
una imitación
ejemplar de Cristo,
y es digna de
la admiración
de los fieles[2].

Recordemos, por ejemplo,
a la beata María Gabriela Sagheddu,
que ofreció su vida por
la unión de los cristianos.


[2]
Supone de todos modos
que haya fama de santidad y un ejercicio,
al menos en grado ordinario,
de las virtudes cristianas:
cf. Motu proprio
Maiorem hac dilectionem (11 julio 2017),
art. 2c: L’Osservatore Romano (12 julio 2017), p. 8.

Imagen

LOS SANTOS
DE LA PUERTA
DE AL LADO

Punto 6.
No pensemos solo
en los ya beatificados
o canonizados.


El Espíritu Santo
derrama santidad
por todas partes,
en el santo pueblo
fiel de Dios,
porque «fue
voluntad de Dios
el santificar y salvar
a los hombres,
no aisladamente,
sin conexión alguna
de unos con otros,
sino constituyendo un pueblo,
que le confesara en verdad
y le sirviera santamente»[3].


El Señor,
en la historia
de la salvación,
ha salvado
a un pueblo.

No existe identidad plena
sin pertenencia a un pueblo.

Por eso nadie se salva solo,
como individuo aislado,
sino que Dios nos atrae
tomando en cuenta
la compleja trama
de relaciones interpersonales
que se establecen
en la comunidad humana:

Dios quiso entrar
en una dinámica popular,
en la dinámica de un pueblo.


[3]
Conc. Ecum. Vat. II,
Const. dogm.
Lumen gentium,
sobre la Iglesia, 9.

Imagen

Punto 7.
Me gusta ver la santidad
en el pueblo de Dios
paciente:


A los padres que crían
con tanto amor a sus hijos,
en esos hombres y mujeres
que trabajan para llevar
el pan a su casa,
en los enfermos,
en las religiosas ancianas
que siguen sonriendo.

En esta constancia para
seguir adelante día a día,
veo la santidad de
la Iglesia militante.

Esa es muchas veces la santidad
«de la puerta de al lado»,
de aquellos que viven
cerca de nosotros
y son un reflejo de
la presencia de Dios,
o, para usar otra expresión,
«la clase media
de la santidad»[4].



[4]
Cf. Joseph Malègue,
Pierres noires.
Les classes moyennes
du Salut,
París 1958.

Imagen

Punto 8.
Dejémonos estimular
por los signos de santidad
que el Señor nos presenta

a través de los más
humildes miembros
de ese pueblo que
«participa también
de la función profética de Cristo,
difundiendo su testimonio vivo
sobre todo con
la vida de fe
y caridad»[5].


Pensemos, como nos sugiere
santa Teresa Benedicta de la Cruz,
que a través de muchos de ellos
se construye la verdadera historia:

«En la noche más oscura
surgen los más grandes
profetas y los santos.

Sin embargo,
la corriente vivificante
de la vida mística
permanece invisible.

Seguramente,
los acontecimientos decisivos
de la historia del mundo
fueron esencialmente
influenciados por almas
sobre las cuales nada dicen
los libros de historia.

Y cuáles sean las almas
a las que hemos
de agradecer
los acontecimientos
decisivos de nuestra
vida personal,
es algo que solo sabremos
el día en que
todo lo oculto
será revelado»[6].



[5]
Conc. Ecum. Vat. II,
Const. dogm.
Lumen gentium,
sobre la Iglesia, 12.

[6] Vida escondida
y epifanía,

en Obras Completas V,
Burgos 2007, 637.

Imagen

Punto 9.
La santidad es el rostro
más bello de la Iglesia.


Pero aun fuera
de la Iglesia Católica
y en ámbitos muy diferentes,
el Espíritu suscita
«signos de su presencia,
que ayudan a los mismos
discípulos de Cristo»[7].


Por otra parte,
san Juan Pablo II
nos recordó que
«el testimonio
ofrecido a Cristo
hasta el derramamiento
de la sangre
se ha hecho
patrimonio común
de católicos,
ortodoxos,
anglicanos
y protestantes»[8].


En la hermosa
conmemoración
ecuménica que
él quiso celebrar
en el Coliseo,
durante el
Jubileo del año 2000,
sostuvo que los mártires
son «una herencia que
habla con una voz más fuerte
que la de los factores
de división»[9].



[7]
S. Juan Pablo II, Carta ap.
Novo millennio ineunte
(6 enero 2001), 56:
AAS 93 (2001), 307.

[8] Carta ap.
[i]Tertio millennio adveniente

(10 noviembre 1994), 37:
AAS 87 (1995), 29.

[9] Homilía en
la Conmemoración ecuménica
de los testigos de la fe
del siglo XX

(7 mayo 2000), 5:
AAS 92 (2000), 680-681.

Imagen

EL SEÑOR LLAMA

Punto 10.
Todo esto es
importante.

Sin embargo, lo que
quisiera recordar
con esta Exhortación
es sobre todo
el llamado a
la santidad

que el Señor hace
a cada uno de nosotros,
ese llamado que
te dirige también a ti:

«Sed santos,
porque yo soy santo»

(Lv 11,45; cf. 1 P 1,16).

El Concilio Vaticano II
lo destacó con fuerza:

«Todos los fieles, cristianos,
de cualquier condición y estado,
fortalecidos con tantos
y tan poderosos
medios de salvación,
son llamados por el Señor,
cada uno por su camino,
a la perfección de
aquella santidad
con la que es perfecto
el mismo Padre»[10].



[10]
Const. dogm.
Lumen gentium,
sobre la Iglesia, 11.

Imagen

Punto 11.
«Cada uno por su camino»
dice el Concilio.


Entonces, no se trata
de desalentarse
cuando uno contempla
modelos de santidad
que le parecen
inalcanzables.

Hay testimonios
que son útiles
para estimularnos
y motivarnos,
pero no para que
tratemos de copiarlos,
porque eso
hasta podría
alejarnos
del camino
único y diferente
que el Señor
tiene para
nosotros.

Lo que interesa es
que cada creyente
discierna su propio camino
y saque a la luz
lo mejor de sí,
aquello tan personal
que Dios ha puesto en él
(cf. 1 Co 12, 7),
y no que se desgaste
intentando imitar algo
que no ha sido
pensado para él.

Todos estamos
llamados a ser testigos,
pero «existen
muchas formas
existenciales de
testimonio»[11].


De hecho, cuando
el gran místico
san Juan de la Cruz
escribía su
Cántico Espiritual,
prefería evitar
reglas fijas para todos
y explicaba que
sus versos
estaban escritos
para que cada uno
los aproveche
«según
su modo»[12].


Porque la vida divina
se comunica
«a unos en
una manera
y a otros
en otra»[13].



[11]
Hans U. von Balthasar,
“Teología y santidad”,
en Communio 6 (1987), 489.

[12] Cántico
Espiritual B,

Prólogo, 2.

[13] Cántico
Espiritual,
XIV-XV, 2.

Imagen

Punto 12.
Dentro de las formas variadas,
quiero destacar que
el «genio femenino»

también se manifiesta
en estilos femeninos
de santidad,
indispensables para
reflejar la santidad de Dios
en este mundo.

Precisamente,
aun en épocas
en que las mujeres
fueron más relegadas,
el Espíritu Santo
suscitó santas
cuya fascinación
provocó nuevos
dinamismos espirituales
e importantes reformas
en la Iglesia.

Podemos mencionar a
santa Hildegarda de Bingen,
santa Brígida,
santa Catalina de Siena,
santa Teresa de Ávila
o santa Teresa de Lisieux.


Pero me interesa recordar
a tantas mujeres
desconocidas u
olvidadas quienes,
cada una a su modo,
han sostenido
y transformado
familias y
comunidades
con la potencia de
su testimonio.

Imagen

Punto 13.
Esto debería
entusiasmar
y alentar
a cada uno
para darlo todo,

para crecer hacia
ese proyecto único
e irrepetible que
Dios ha querido
para él desde
toda la eternidad:

«Antes de formarte
en el vientre, te elegí;
antes de que salieras
del seno materno,
te consagré»

(Jr 1,5).

Imagen

TAMBIÉN PARA TI

Punto 14.
Para ser santos
no es necesario
ser obispos,
sacerdotes,
religiosas o
religiosos.


Muchas veces
tenemos
la tentación
de pensar que
la santidad
está reservada
solo a quienes
tienen la posibilidad
de tomar distancia
de las ocupaciones
ordinarias,
para dedicar
mucho tiempo
a la oración.

No es así.

Todos estamos
llamados a ser santos

viviendo con amor
y ofreciendo
el propio testimonio
en las ocupaciones
de cada día,
allí donde
cada uno
se encuentra.

¿Eres consagrada
o consagrado?

Sé santo

viviendo
con alegría
tu entrega.

¿Estás casado?

Sé santo

amando
y ocupándote
de tu marido
o de tu esposa,
como Cristo
lo hizo con
la Iglesia.

¿Eres un trabajador?

Sé santo

cumpliendo con honradez
y competencia tu trabajo
al servicio de los hermanos.

¿Eres padre,
abuela o
abuelo?

Sé santo

enseñando
con paciencia
a los niños a
seguir a Jesús.

¿Tienes autoridad?

Sé santo

luchando por
el bien común
y renunciando
a tus intereses
personales[14].


[14]
Cf. Catequesis
(19 noviembre 2014):
L’Osservatore Romano,
ed. semanal en lengua española
(21 noviembre 2014), p. 16.

Imagen

Punto 15.
Deja que la gracia
de tu Bautismo
fructifique en
un camino
de santidad.


Deja que todo
esté abierto a Dios
y para ello
opta por Él,
elige a Dios
una y otra vez.

No te desalientes,
porque tienes
la fuerza del
Espíritu Santo
para que
sea posible,
y la santidad,
en el fondo,
es el fruto
del Espíritu Santo
en tu vida
(cf. Ga 5,22-23).

Cuando sientas
la tentación
de enredarte
en tu debilidad,
levanta los ojos
al Crucificado
y dile:

«Señor,
yo soy
un pobrecillo,
pero Tú puedes
realizar el milagro
de hacerme
un poco mejor».


En la Iglesia, santa
y compuesta
de pecadores,
encontrarás todo
lo que necesitas
para crecer
hacia la santidad.

El Señor
la ha llenado
de dones
con la Palabra,
los Sacramentos,
los Santuarios,
la Vida de
las comunidades,
el Testimonio de
sus santos,
y una múltiple
belleza
que procede
del amor
del Señor,
«como novia
que se adorna
con sus joyas»

(Is 61,10).

Imagen

Punto 16.
Esta santidad
a la que el Señor
te llama
irá creciendo
con pequeños
gestos.


Por ejemplo:

Una señora
va al mercado
a hacer
las compras,
encuentra
a una vecina
y comienza
a hablar,
y vienen
las críticas.

Pero esta mujer
dice en su interior:

«No, no hablaré
mal de nadie».

Este es un paso
en la santidad.


Luego, en casa,
su hijo le pide
conversar
acerca de
sus fantasías,
y aunque esté
cansada se sienta
a su lado y escucha
con paciencia y afecto.

Esa es otra ofrenda
que santifica.


Luego vive
un momento
de angustia,
pero recuerda
el amor de
la Virgen María,
toma el rosario
y reza con fe.

Ese es otro
camino de
santidad.


Luego va por la calle,
encuentra a un pobre
y se detiene a conversar
con él con cariño.

Ese es otro paso.

Imagen

Punto 17.
A veces la vida presenta
desafíos mayores
y a través de ellos
el Señor nos invita
a nuevas conversiones

que permiten que su gracia
se manifieste mejor
en nuestra existencia
«para que participemos
de su santidad»
(Hb 12,10).

Otras veces solo se trata
de encontrar una forma
más perfecta de vivir
lo que ya hacemos:

«Hay inspiraciones
que tienden solamente
a una extraordinaria perfección
de los ejercicios ordinarios
de la vida»[15].


Cuando el Cardenal
Francisco Javier
Nguyên van Thuânestaba

en la cárcel, renunció
a desgastarse
esperando
su liberación.

Su opción fue «vivir
el momento presente
colmándolo de amor»;

y el modo como se
concretaba esto era:

«Aprovecho las ocasiones
que se presentan cada día
para realizar acciones ordinarias
de manera extraordinaria»[16].


[15]
S. Francisco de Sales,
Tratado del amor a Dios, VIII, 11.

[16][/b] Cinco panes y dos peces:
un gozoso testimonio de fe
desde el sufrimiento en la cárcel,

México 19999, 21.

Imagen

Punto 18.
Así, bajo el impulso
de la gracia divina,
con muchos gestos
vamos construyendo
esa figura de santidad
que Dios quería,

pero no como seres
autosuficientes sino
«como buenos
administradores
de la multiforme
gracia de Dios»

(1 P 4,10).

Bien nos enseñaron
los Obispos de
Nueva Zelanda
que es posible amar
con el amor
incondicional
del Señor, porque
el Resucitado
comparte su vida poderosa
con nuestras frágiles vidas:

«Su amor
no tiene límites
y una vez dado
nunca se echó atrás.

Fue incondicional
y permaneció fiel.

Amar así no es fácil
porque muchas veces
somos tan débiles.

Pero precisamente
para tratar de amar
como Cristo nos amó,
Cristo comparte
su propia
vida resucitada
con nosotros.

De esta manera,
nuestras vidas
demuestran
su poder en acción,
incluso en medio
de la debilidad
humana»[17].



[17]
Conferencia de Obispos católicos
de Nueva Zelanda, Healing love
(1 enero 1988).

Imagen

TU MISIÓN EN CRISTO

Imagen

Punto 19.
Para un cristiano
no es posible pensar

en la propia
misión en la tierra
sin concebirla como
un camino de santidad,
porque «esta es
la voluntad de Dios:
Vuestra santificación»

(1 Ts 4,3).

Cada santo es una misión;
es un proyecto del Padre
para reflejar y encarnar,
en un momento
determinado de
la historia,
un aspecto
del Evangelio.

Imagen

Punto 20.
Esa misión tiene
su sentido pleno en Cristo
y solo se entiende desde Él.


En el fondo la santidad
es vivir en unión con Él
los misterios de su vida.

Consiste en asociarse
a la muerte y
resurrección del Señor
de una manera
única y personal,
en morir y resucitar
constantemente con Él.

Pero también puede
implicar reproducir
en la propia existencia
distintos aspectos de
la vida terrena de Jesús:

Su vida oculta,
su vida comunitaria,
su cercanía a los últimos,
su pobreza y
otras manifestaciones
de su entrega por amor.

La contemplación de
estos misterios,
como proponía
san Ignacio de Loyola,
nos orienta a hacerlos carne
en nuestras opciones
y actitudes[18].

Porque «todo
en la vida de Jesús
es signo de su misterio»[19],
«toda la vida de Cristo
es Revelación del Padre»[20],
«toda la vida de Cristo
es misterio de Redención»[21],
«toda la vida de Cristo
es misterio de Recapitulación»[22],
y «todo lo que Cristo vivió
hace que podamos vivirlo en Él
y que Él lo viva en nosotros»[23].



[18]
Cf. Ejercicios espirituales, 102-312.

[19] Catecismo de la Iglesia Católica, 515.

[20] Catecismo de la Iglesia Católica, 516.

[21] Catecismo de la Iglesia Católica, 517.

[22] Catecismo de la Iglesia Católica, 518.

[23] Catecismo de la Iglesia Católica, 521.

Imagen

Punto 21.
El designio del Padre
es Cristo, y nosotros en Él
.

En último término,
es Cristo amando en nosotros,
porque «la santidad
no es sino la caridad
plenamente vivida»[24].


Por lo tanto,
«la santidad se mide
por la estatura que Cristo
alcanza en nosotros,
por el grado como,
con la fuerza
del Espíritu Santo,
modelamos toda
nuestra vida
según la suya»[25].


Así, cada santo
es un mensaje que
el Espíritu Santo
toma de la riqueza
de Jesucristo y
regala a su pueblo.


[24-25]
Benedicto XVI,
Catequesis (13 abril 2011):
L’Osservatore Romano,
ed. semanal en lengua española
(17 abril 2011), p. 11.

Imagen

Punto 22.
Para reconocer cuál es
esa palabra que el Señor
quiere decir
a través de
un santo,

no conviene
entretenerse
en los detalles,
porque allí también
puede haber
errores y caídas.

No todo lo que dice un santo
es plenamente fiel al Evangelio,
no todo lo que hace
es auténtico o perfecto.

Lo que hay que contemplar
es el conjunto de su vida,
su camino entero
de santificación,
esa figura que refleja
algo de Jesucristo
y que resulta
cuando uno logra
componer el sentido
de la totalidad de
su persona[26].


[26]
Cf. Hans U. von Balthasar,
“Teología y santidad”,
en Communio 6 (1987), 486-493.

Imagen

Punto 23.
Esto es un fuerte
llamado de atención
para todos nosotros.


Tú también necesitas
concebir la totalidad
de tu vida como
una misión.

Inténtalo escuchando
a Dios en la oración
y reconociendo
los signos que
Él te da.

Pregúntale siempre al Espíritu
qué espera Jesús de ti
en cada momento de
tu existencia y
en cada opción
que debas tomar,
para discernir
el lugar que eso ocupa
en tu propia misión.

Y permítele que forje en ti
ese misterio personal
que refleje a Jesucristo
en el mundo de hoy.

Imagen

Punto 24.
Ojalá puedas reconocer
cuál es esa palabra,
ese mensaje de Jesús
que Dios quiere decir
al mundo con tu vida.


Déjate transformar,
déjate renovar
por el Espíritu,
para que eso
sea posible,
y así tu preciosa misión
no se malogrará.

El Señor la cumplirá también
en medio de tus errores
y malos momentos,
con tal que no abandones
el camino del amor
y estés siempre abierto
a su acción sobrenatural
que purifica e ilumina.

Imagen

LA ACTIVIDAD QUE SANTIFICA

Punto 25.
Como no puedes entender a Cristo
sin el reino que Él vino a traer,

tu propia misión es inseparable
de la construcción de ese reino:
«Buscad sobre todo
el reino de Dios
y su justicia»

(Mt6,33).

Tu identificación
con Cristo
y sus deseos,
implica el empeño
por construir, con Él,
ese reino de amor,
justicia y paz para todos.

Cristo mismo
quiere vivirlo contigo,
en todos los esfuerzos
o renuncias que implique,
y también en las alegrías
y en la fecundidad
que te ofrezca.

Por lo tanto,
no te santificarás
sin entregarte
en cuerpo y alma
para dar
lo mejor de ti
en ese empeño.

Imagen

Punto 26.
No es sano
amar el silencio
y rehuir el encuentro
con el otro,

desear el descanso
y rechazar la actividad,
buscar la oración
y menospreciar
el servicio.

Todo puede ser
aceptado e integrado
como parte de
la propia existencia
en este mundo,
y se incorpora
en el camino
de santificación.

Somos llamados a vivir
la contemplación también
en medio de la acción,
y nos santificamos
en el ejercicio
responsable
y generoso
de la propia
misión.

Imagen

Punto 27.
¿Acaso el Espíritu Santo
puede lanzarnos
a cumplir una misión

y al mismo tiempo
pedirnos que
escapemos de ella,
o que evitemos
entregarnos
totalmente
para preservar
la paz interior?

Sin embargo,
a veces
tenemos
la tentación
de relegar
la entrega pastoral
o el compromiso
en el mundo
a un lugar
secundario,
como si fueran
«distracciones»
en el camino de
la santificación y
de la paz interior.

Se olvida que
«no es que
la vida tenga
una misión,
sino que
es misión»[27].



[27]
Xavier Zubiri,
Naturaleza, historia, Dios,
Madrid 19993, 427.

Imagen

Punto 28.
Una tarea movida
por la ansiedad,
el orgullo,
la necesidad
de aparecer y
de dominar,
ciertamente
no será
santificadora.


El desafío es vivir
la propia entrega
de tal manera que
los esfuerzos tengan
un sentido evangélico
y nos identifiquen
más y más con Jesucristo.

De ahí que
suela hablarse,
por ejemplo,
de una espiritualidad
del catequista,
de una espiritualidad
del clero diocesano,
de una espiritualidad
del trabajo.

Por la misma razón,
en Evangelii gaudium
quise concluir con
una espiritualidad
de la misión
,
en Laudato si’ con
una espiritualidad
ecológica

y en Amoris laetitia con
una espiritualidad de
la vida familiar.


Imagen

Punto 29.
Esto no implica
despreciar
los momentos
de quietud,
soledad y
silencio
ante Dios.


Al contrario.

Porque las constantes novedades
de los recursos tecnológicos,
el atractivo de los viajes,
las innumerables ofertas
para el consumo,
a veces no dejan
espacios vacíos
donde resuene
la voz de Dios.

Todo se llena
de palabras,
de disfrutes
epidérmicos
y de ruidos con
una velocidad
siempre mayor.

Allí no reina la alegría
sino la insatisfacción
de quien no sabe
para qué vive.

¿Cómo no reconocer entonces
que necesitamos detener
esa carrera frenética
para recuperar
un espacio personal,
a veces doloroso
pero siempre fecundo,
donde se entabla
el diálogo sincero
con Dios?

En algún momento tendremos que
percibir de frente la propia verdad,
para dejarla invadir por el Señor,
y no siempre se logra esto si uno
«no se ve al borde del abismo
de la tentación más agobiante,
si no siente el vértigo del precipicio
del más desesperado abandono,
si no se encuentra absolutamente solo,
en la cima de la soledad
más radical»[28].


Así encontramos
las grandes
motivaciones
que nos impulsan
a vivir a fondo
las propias tareas.


[28]
Carlo M. Martini,
Las confesiones de Pedro,
Estella 1994, 76.

Imagen

Punto 30.
Los mismos recursos
de distracción que
invaden la vida actual
nos llevan también
a absolutizar
el tiempo libre,

en el cual podemos
utilizar sin límites
esos dispositivos
que nos brindan
entretenimiento
o placeres
efímeros[29].

Como consecuencia,
es la propia misión
la que se resiente,
es el compromiso
el que se debilita,
es el servicio
generoso
y disponible
el que comienza
a retacearse.

Eso desnaturaliza
la experiencia espiritual.

¿Puede ser sano
un fervor espiritual
que conviva con
una acedia en
la acción
evangelizadora
o en el servicio
a los otros?


[29]
Es necesario distinguir
esta distracción superficial,
de una sana cultura del ocio,
que nos abre al otro y a la realidad
con un espíritu disponible
y contemplativo.

Imagen

Punto 31.
Nos hace falta
un espíritu
de santidad
que impregne
tanto la soledad
como el servicio,

tanto la intimidad
como la tarea
evangelizadora,
de manera que
cada instante
sea expresión
de amor entregado
bajo la mirada
del Señor.

De este modo,
todos los momentos
serán escalones
en nuestro camino
de santificación.

Imagen

MÁS VIVOS, MÁS HUMANOS

Punto 32.
No tengas miedo
de la santidad.

No te quitará fuerzas,
vida o alegría.


Todo lo contrario,
porque llegarás a ser
lo que el Padre pensó
cuando te creó
y serás fiel
a tu propio ser.

Depender de Él
nos libera de
las esclavitudes
y nos lleva a
reconocer nuestra
propia dignidad.

Esto se refleja en
santa Josefina Bakhita,
quien fue «secuestrada
y vendida como esclava
a la tierna edad
de siete años,
sufrió mucho en manos
de amos crueles.

Pero llegó a comprender
la profunda verdad
de que Dios,
y no el hombre,
es el verdadero Señor
de todo ser humano,
de toda vida humana.

Esta experiencia se transformó
en una fuente de gran sabiduría
para esta humilde hija de África»[30].



[30]
S. Juan Pablo II,
Homilía en la Misa de canonización
(1 octubre 2000), 5: AAS 92 (2000), 852.

Imagen

Punto 33.
En la medida en
que se santifica,
cada cristiano
se vuelve
más fecundo
para el mundo.


Los Obispos de
África occidental
nos enseñaron:

«Estamos siendo llamados,
en el espíritu de
la nueva evangelización,
a ser evangelizados
y a evangelizar
a través del empoderamiento
de todos los bautizados
para que asumáis
vuestros roles
como sal de la tierra y
luz del mundo
donde quiera
que os encontréis»[31].



[31]
Conferencia Episcopal
Regional de África Occidental,
Mensaje pastoral a la conclusión
de la II Asamblea Plenaria

(29 febrero 2016), 2.

Imagen

Punto 34.
No tengas miedo
de apuntar más alto,
de dejarte amar
y liberar por Dios.


No tengas miedo
de dejarte guiar
por el Espíritu Santo.

La santidad
no te hace
menos humano,
porque es
el encuentro
de tu debilidad
con la fuerza
de la gracia.

En el fondo,
como decía
León Bloy,
en la vida
«existe una
sola tristeza,
la de no ser
santos»[32].



[32]
La mujer pobre, II, 27.

--------------------------------------------------------------------------------
Capítulo II, VERLO EN EL SIGUIENTE MENSAJE.

Para ver el texto completo, pulsar en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html


Imagen
Última edición por esoto el 20 Jul 2018 06:49, editado 134 veces en total
Imagen
Avatar de Usuario
esoto
 
Mensajes: 8069
Registrado: 31 Jul 2012 09:42

Re: «EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 0

Notapor Maria de Lourdes » 09 Abr 2018 16:37

esoto escribió:Imagen

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
«GAUDETE ET EXSULTATE»

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

"SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL"

1. «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12),

dice Jesús a los que son
perseguidos o humillados
por su causa.

El Señor lo pide todo,
y lo que ofrece es
la verdadera vida,
la felicidad para
la cual fuimos creados.

Él nos quiere santos
y no espera que
nos conformemos
con una existencia
mediocre,
aguada,
licuada.

En realidad, desde
las primeras páginas
de la Biblia está presente,
de diversas maneras,
el llamado a la santidad.

Así se lo proponía
el Señor a Abraham:

«Camina en mi presencia
y sé perfecto»
(Gn 17,1).



Para ver el texto completo, pulsar en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html


Imagen
Jesus, Hijo de Dios, ten piedad de mi, pecador
Avatar de Usuario
Maria de Lourdes
 
Mensajes: 5390
Registrado: 01 Feb 2012 20:18

Re: «EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 0

Notapor Montemar » 09 Abr 2018 19:29

¡¡Gracias, esoto!!
Montemar

Imagen

Señor, que sepa vivir abrazada al Evangelio.
Avatar de Usuario
Montemar
 
Mensajes: 37754
Registrado: 14 Nov 2008 10:01

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Cap. II)

Notapor esoto » 10 Abr 2018 07:54

Imagen

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
«GAUDETE ET EXSULTATE»

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

“SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL”

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen

CAPÍTULO SEGUNDO:

DOS SUTILES
ENEMIGOS DE
LA SANTIDAD

Imagen

Punto 35.
En este marco, quiero
llamar la atención
acerca de dos falsificaciones
de la santidad que podrían
desviarnos del camino:
el gnosticismo y
el pelagianismo.


Son dos herejías
que surgieron
en los primeros
siglos cristianos,
pero que siguen
teniendo alarmante
actualidad.

Aun hoy los corazones
de muchos cristianos,
quizá sin darse cuenta,
se dejan seducir
por estas propuestas
engañosas.

En ellas se expresa
un inmanentismo
antropocéntrico
disfrazado de
verdad católica.[33]

Veamos estas dos formas
de seguridad doctrinal
o disciplinaria
que dan lugar
«a un elitismo
narcisista
y autoritario,
donde en lugar
de evangelizar
lo que se hace
es analizar y
clasificar a
los demás,
y en lugar de
facilitar el acceso
a la gracia
se gastan
las energías
en controlar.

En los dos casos,
ni Jesucristo
ni los demás
interesan
verdaderamente»[34].



[33]
Cf. Congregación para
la Doctrina de la Fe,
CartaPlacuit Deo,
sobre algunos aspectos
de la salvación cristiana
(22 febrero 2018), 4:
L’Osservatore Romano
(2 marzo 2018), pp. 4-5:
«Tanto el individualismo neo-pelagiano
como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo
deforman la confesión de fe en Cristo,
el Salvador único y universal»
.
En este documento se encuentran
las bases doctrinales para la comprensión
de la salvación cristiana en relación con
las derivas neo-gnósticas y neo-pelagianas actuales.

[34][/b] Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 94: AAS 105 (2013), 1060.

Imagen

EL GNOSTICISMO ACTUAL

Punto 36.
El gnosticismo supone
«una fe encerrada
en el subjetivismo,

donde solo interesa
una determinada experiencia
o una serie de razonamientos
y conocimientos que
supuestamente
reconfortan e iluminan,
pero en definitiva
el sujeto queda clausurado
en la inmanencia de
su propia razón o
de sus sentimientos»[35].


[35]
Exhort. ap.
Evangelii gaudium[/b]
(24 noviembre 2013), 94:
AAS 105 (2013), 1059.

Imagen

Una mente sin Dios y sin carne


Punto 37.
Gracias a Dios, a lo largo
de la historia de la Iglesia
quedó muy claro que
lo que mide la perfección
de las personas es
su grado de caridad,

no la cantidad de datos
y conocimientos
que acumulen.

Los «gnósticos» tienen
una confusión en este punto,
y juzgan a los demás
según la capacidad
que tengan de comprender
la profundidad de
determinadas doctrinas.

Conciben una mente
sin encarnación,
incapaz de tocar
la carne sufriente
de Cristo en los otros,
encorsetada en
una enciclopedia
de abstracciones.

Al descarnar el misterio
finalmente prefieren
«un Dios sin Cristo,
un Cristo sin Iglesia,
una Iglesia sin pueblo»[36].



[36]

Homilía en la Misa
de la Casa Santa Marta

(11 noviembre 2016):
L’Osservatore Romano
(12 noviembre 2016), p. 8.

Imagen

Punto 38.
En definitiva, se trata de
una superficialidad vanidosa:

mucho movimiento en
la superficie de la mente,
pero no se mueve
ni se conmueve
la profundidad del
pensamiento.

Sin embargo, logra
subyugar a algunos con
una fascinación engañosa,
porque el equilibrio gnóstico
es formal y supuestamente
aséptico, y puede asumir
el aspecto de
una cierta armonía
o de un orden que
lo abarca todo.

Imagen

Punto 39.
Pero estemos atentos.

No me refiero
a los racionalistas
enemigos de
la fe cristiana.


Esto puede ocurrir
dentro de la Iglesia,
tanto en los laicos
de las parroquias
como en quienes
enseñan filosofía
o teología en centros
de formación.

Porque también
es propio de
los gnósticos
creer que con
sus explicaciones
ellos pueden hacer
perfectamente comprensible
toda la fe y todo el Evangelio.

Absolutizan sus propias teorías
y obligan a los demás a someterse
a los razonamientos que ellos usan.

Una cosa es un sano
y humilde uso de la razón
para reflexionar sobre
la enseñanza teológica
y moral del Evangelio;
otra es pretender reducir
la enseñanza de Jesús
a una lógica fría y dura
que busca
dominarlo
todo[37].


[37]
Como enseña S. Buenaventura:
«Es necesario que se dejen
todas las operaciones intelectuales,
y que el ápice del afecto
se traslade todo a Dios
y todo se transforme
en Dios. […]

Y así, no pudiendo
nada la naturaleza
y poco la industria,
ha de darse poco
a la inquisición y
mucho a la unción;
poco a la lengua
y muchísimo a
la alegría interior;
poco a la palabra
y a los escritos,
y todo al don de Dios,
que es el Espíritu Santo;
poco o nada a la criatura,
todo a la esencia creadora,
esto es, al Padre, y al Hijo,
y a Espíritu Santo»

(Itinerario de
la mente a Dios,
VII,4-5).

Imagen

Una doctrina sin misterio

Punto 40.
El gnosticismo es una de
las peores ideologías,

ya que, al mismo tiempo
que exalta indebidamente
el conocimiento o
una determinada
experiencia,
considera que
su propia visión
de la realidad es
la perfección.

Así, quizá sin advertirlo,
esta ideología se
alimenta a sí misma
y se enceguece aún más.

A veces se vuelve
especialmente engañosa
cuando se disfraza
de una espiritualidad
desencarnada.

Porque el gnosticismo
«por su propia naturaleza
quiere domesticar
el misterio»[38],

tanto el misterio de Dios
y de su gracia,
como el misterio
de la vida de
los demás.


[38]
Carta al Gran Canciller
de la Pontificia Universidad
Católica Argentina
en el centenario de
la Facultad de Teología

(3 marzo 2015):
L’Osservatore Romano
(10 marzo 2015), p. 6.

Imagen

Punto 41.
Cuando alguien
tiene respuestas
a todas las preguntas,
demuestra que no está
en un sano camino

y es posible que sea
un falso profeta,
que usa la religión
en beneficio propio,
al servicio de
us elucubraciones
psicológicas
y mentales.

Dios nos supera
infinitamente,
siempre es
una sorpresa
y no somos nosotros
los que decidimos
en qué circunstancia
histórica encontrarlo,
ya que
no depende
de nosotros
determinar el tiempo
y el lugar del encuentro.

Quien lo quiere
todo claro y seguro
pretende dominar
la trascendencia
de Dios.

Imagen

Punto 42.
Tampoco se puede pretender
definir dónde no está Dios,

porque Él está misteriosamente
en la vida de toda persona,
está en la vida de cada uno
como Él quiere, y no
podemos negarlo con
nuestras supuestas certezas.

Aun cuando
la existencia
de alguien
haya sido
un desastre,
aun cuando
lo veamos
destruido
por los vicios
o las adicciones,

Dios está
en su vida.

Si nos dejamos guiar
por el Espíritu más que
por nuestros razonamientos,
podemos y debemos
buscar al Señor en
toda vida humana.

Esto es parte del misterio
que las mentalidades gnósticas
terminan rechazando,
porque no lo pueden controlar.

Imagen

Los límites de la razón

Imagen

Punto 43.
Nosotros llegamos
a comprender
muy pobremente
la verdad que
recibimos
del Señor.


Con mayor
dificultad
todavía
logramos
expresarla.

Por ello no podemos pretender
que nuestro modo de entenderla
nos autorice a ejercer
una supervisión estricta
de la vida de los demás.

Quiero recordar
que en la Iglesia
conviven lícitamente
distintas maneras
de interpretar muchos
aspectos de la doctrina
y de la vida cristiana que,
en su variedad,
«ayudan
a explicitar mejor
el riquísimo tesoro
de la Palabra».


Es verdad que
«a quienes sueñan
con una doctrina monolítica
defendida por todos
sin matices,
esto puede parecerles
una imperfecta dispersión»[39].


Precisamente,
algunas corrientes
gnósticas despreciaron
la sencillez tan
concreta del Evangelio
e intentaron reemplazar
al Dios trinitario y encarnado
por una Unidad superior
donde desaparecía
la rica multiplicidad
de nuestra historia.


[39]
Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 40:
AAS 105 (2013), 1037.

Imagen

Punto 44.
En realidad, la doctrina,
o mejor,
nuestra comprensión y expresión de ella,
«no es un sistema cerrado, privado
de dinámicas capaces de generar
interrogantes, dudas, cuestionamientos»
,
y «las preguntas de nuestro pueblo,
sus angustias, sus peleas, sus sueños,
sus luchas, sus preocupaciones,
poseen valor hermenéutico
que no podemos ignorar
si queremos tomar en serio
el principio de encarnación.

Sus preguntas
nos ayudan
a preguntarnos,
sus cuestionamientos
nos cuestionan»[40].



[40]
Videomensaje al Congreso
internacional de Teología de
la Pontificia Universidad
Católica Argentina

(1-3 septiembre 2015):
AAS 107 (2015), 980.

Imagen

Punto 45.
Con frecuencia se produce
una peligrosa confusión:


Creer que porque sabemos algo
o podemos explicarlo con
una determinada lógica,
ya somos santos, perfectos,
mejores que la
«masa ignorante».

A todos los que en la Iglesia
tienen la posibilidad de
una formación más alta,
san Juan Pablo II
les advertía de
la tentación de desarrollar
«un cierto sentimiento
de superioridad respecto
a los demás fieles»[41].


Pero en realidad,
eso que creemos saber
debería ser siempre
una motivación para
responder mejor
al amor de Dios,
porque «se
aprende para vivir:
teología y santidad
son un binomio
inseparable»[42].



[41]
Exhort. ap. postsin.
Vita consecrata
(25 marzo 1996), 38:
AAS88 (1996), 412.

[42] Carta al Gran Canciller
de la Pontificia Universidad
Católica Argentina en
el centenario de
la Facultad de Teología

(3 marzo 2015):
L’Osservatore Romano
(10 marzo 2015), p. 6.

Imagen

Punto 46.
Cuando san Francisco de Asís
veía que algunos
de sus discípulos
enseñaban la doctrina,
quiso evitar la tentación
del gnosticismo.


Entonces escribió esto
a san Antonio de Padua:

«Me agrada que enseñes
sagrada teología
a los hermanos
con tal que, en
el estudio de la misma,
no apagues el espíritu
de oración y devoción»[43].


Él reconocía
la tentación de convertir
la experiencia cristiana
en un conjunto de
elucubraciones mentales
que terminan alejándonos
de la frescura del Evangelio.

San Buenaventura,
por otra parte,
advertía que
la verdadera
sabiduría cristiana
no se debe desconectar
de la misericordia
hacia el prójimo:

«La mayor sabiduría
que puede existir
consiste en difundir
fructuosamente
lo que uno tiene para dar,
lo que se le ha dado
precisamente para
que lo dispense. [...]

Por eso, así como
la misericordia
es amiga de la sabiduría,
la avaricia es su enemiga»[44].

«Hay una actividad
que al unirse a
la contemplación
no la impide,
sino que la facilita,
como las obras de
misericordia
y piedad»[45].



[43] Carta a Fray
Antonio, 2: FF 251.

[44] Los siete dones
del Espíritu Santo,
9,15.

[45] Id., In IV Sent.,
37, 1, 3, ad 6.

Imagen

EL PELAGIANISMO ACTUAL

Punto 47.
El gnosticismo dio lugar
a otra vieja herejía,
que también está
presente hoy.


Con el paso del tiempo,
muchos comenzaron
a reconocer que
no es el conocimiento
lo que nos hace
mejores o santos,
sino la vida
que llevamos.

El problema es que
esto se degeneró
sutilmente,
de manera que
el mismo error
de los gnósticos
simplemente
se transformó,
pero no fue
superado.

Imagen

Punto 48.
Porque el poder
que los gnósticos
atribuían a la inteligencia,
algunos comenzaron
a atribuírselo a
la voluntad humana,
al esfuerzo personal.


Así surgieron
los pelagianos y
los semipelagianos.

Ya no era la inteligencia
lo que ocupaba
el lugar del misterio
y de la gracia,
sino la voluntad.

Se olvidaba que
«todo depende
no del querer
o del correr,
sino de
la misericordia
de Dios»
(Rm 9,16)
y que «Él
nos amó
primero»

(1 Jn 4,19).

Imagen

Una voluntad sin humildad

Punto 49.
Los que responden
a esta mentalidad
pelagiana o
semipelagiana,

aunque hablen
de la gracia de Dios
con discursos edulcorados
«en el fondo
solo confían
en sus propias
fuerzas
y se sienten
superiores a otros
por cumplir
determinadas
normas
o por ser
inquebrantablemente
fieles a cierto estilo
católico»[46].


Cuando algunos de ellos
se dirigen a los débiles
diciéndoles que todo se puede
con la gracia de Dios,
en el fondo suelen
transmitir la idea
de que todo se puede
con la voluntad humana,
como si ella fuera algo
puro, perfecto,
omnipotente,
a lo que se añade
la gracia.

Se pretende
ignorar que
«no todos
pueden todo»[47],

y que en esta vida
las fragilidades
humanas
no son sanadas
completa y
definitivamente
por la gracia[48].

En cualquier caso,
como enseñaba
san Agustín,
Dios te invita
a hacer
lo que puedas
y a pedir lo que
no puedas[49];
o bien a decirle
al Señor
humildemente:

«Dame lo que me pides
y pídeme lo que quieras»
[50]
.


[46] Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 94:
AAS 105 (2013), 1059.

[47] Cf. S. Buenaventura,
Las seis alas del Serafín 3,8:
«Non omnes omnia possunt».
Cabe entenderlo en la línea del
Catecismo de la Iglesia Católica, 1735.

[48] Sto. Tomás de Aquino,
Summa Theologiae
I-II, q.109, a.9, ad 1:
«La gracia entraña
cierta imperfección,
en cuanto no sana
perfectamente
al hombre».


[49] Cf. La naturaleza
y la gracia,

XLIII, 50: PL 44,271.

[50] Confesiones X, 29, 40:
PL 32, 796.

Imagen

Punto 50.
En el fondo, la falta de
un reconocimiento sincero,
dolorido y orante de
nuestros límites
es lo que impide
a la gracia actuar
mejor en nosotros,

ya que no le deja espacio
para provocar
ese bien posible
que se integra en
un camino sincero
y real de crecimiento[51].

La gracia, precisamente
porque supone
nuestra naturaleza,
no nos hace
superhombres
de golpe.

Pretenderlo sería
confiar demasiado
en nosotros mismos.

En este caso,
detrás de la ortodoxia,
nuestras actitudes
pueden no corresponder
a lo que afirmamos
sobre la necesidad
de la gracia,
y en los hechos
terminamos confiando
poco en ella.

Porque si no advertimos
nuestra realidad
concreta y limitada,
tampoco podremos ver
los pasos reales y posibles
que el Señor nos pide
en cada momento,
después de
habernos capacitado
y cautivado con su don.

La gracia actúa
históricamente
y, de ordinario,
nos toma
y transforma
de una forma
progresiva[52].

Por ello, si rechazamos
esta manera
histórica y progresiva,
de hecho podemos llegar
a negarla y bloquearla,
aunque la exaltemos
con nuestras palabras.


[51] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 44: [/çi]AAS[/i] 105 (2013), 1038.

[52] La fe cristiana entiende la gracia
como preveniente, concomitante
y subsecuente a nuestras acciones
(cf. Conc. Ecum. de Trento, Ses. VI,
Decr. de iustificatione,
sobre la justificación, cap. 5: DH, 1525).

Imagen

Punto 51.
Cuando Dios se dirige
a Abraham le dice:
«Yo soy Dios todopoderoso,
camina en mi presencia
y sé perfecto»
(Gn 17,1).

Para poder ser perfectos,
como a Él le agrada,
necesitamos vivir
humildemente en
su presencia,
envueltos en su gloria;
nos hace falta caminar
en unión con Él
reconociendo su amor
constante en
nuestras vidas.

Hay que perderle el miedo
a esa presencia que
solamente puede
hacernos bien.

Es el Padre que
nos dio la vida
y nos ama tanto.

Una vez que
lo aceptamos
y dejamos de
pensar nuestra
existencia sin Él,
desaparece
la angustia de
la soledad (cf. Sal 139,7).

Y si ya no ponemos
distancias frente a Dios
y vivimos en su presencia,
podremos permitirle
que examine
nuestro corazón
para ver si va
por el camino
correcto
(cf. Sal 139,23-24).

Así conoceremos
la voluntad agradable
y perfecta del Señor
(cf. Rm 12,1-2)
y dejaremos que
Él nos moldee
como un alfarero
(cf. Is 29,16).

Hemos dicho tantas veces
que Dios habita en nosotros,
pero es mejor decir que
nosotros habitamos en Él,
que Él nos permite vivir
en su luz y en su amor.

Él es nuestro templo:
lo que busco es habitar
en la casa del Señor
todos los días
de mi vida
(cf. Sal 27,4).

«Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa»
(Sal 84,11).

En Él somos
santificados.

Imagen

Una enseñanza de la Iglesia
muchas veces olvidada

Punto 52.
La Iglesia enseñó
reiteradas veces
que no somos justificados
por nuestras obras
o por nuestros esfuerzos,
sino por la gracia del Señor
que toma la iniciativa.


Los Padres de la Iglesia,
aun antes de san Agustín,
expresaban con claridad
esta convicción primaria.

San Juan Crisóstomo
decía que Dios
derrama en nosotros
la fuente misma
de todos los dones
antes de que nosotros
hayamos entrado
en el combate[53].

San Basilio Magno
remarcaba que el fiel
se gloría solo en Dios,
porque «reconoce estar
privado de la verdadera justicia
y que es justificado únicamente
mediante la fe en Cristo»[54].



[53] Cf. Homilías sobre
la carta a los Romanos,

IX, 11: PG 60, 470.

[54] Homilía sobre
la humildad: PG
31, 530.

Imagen

Punto 54.
El Catecismo de
la Iglesia Católica

también nos recuerda
que el don de la gracia
«sobrepasa
las capacidades
de la inteligencia
y las fuerzas de
la voluntad
humana»[57],

y que «frente
a Dios no hay,
en el sentido de
un derecho estricto,
mérito alguno
de parte del hombre.

Entre Él y nosotros
la desigualdad
no tiene medida»[58].


Su amistad
nos supera
infinitamente,
no puede ser
comprada por nosotros
con nuestras obras
y solo puede ser
un regalo de su
iniciativa de amor.

Esto nos invita a vivir
con una gozosa gratitud
por ese regalo que
nunca mereceremos,
puesto que
«después que uno
ya posee la gracia,
no puede la gracia
ya recibida caer
bajo mérito»[59].


Los santos
evitan depositar
la confianza en
sus acciones:

«En el atardecer
de esta vida
me presentaré ante Ti
con las manos vacías, Señor,
porque no te pido
que lleves cuenta
de mis obras.

Todas nuestras justicias
tienen manchas
a tus ojos»[60].



[57] Catecismo de
la Iglesia Católica
, N. 1998.

[58] Catecismo de
la Iglesia Católica
, N. 2007.

[59] Sto. Tomás de Aquino,
Summa Theologiae
I-II, q.114, a.5.

[60] Sta. Teresa de Lisieux,
“Acto de ofrenda al
Amor misericordioso”
(Oraciones, 6).

Imagen

Punto 55.
Esta es una de
las grandes
convicciones
definitivamente
adquiridas
por la Iglesia,
y está tan
claramente
expresada
en la Palabra
de Dios que
queda fuera de
toda discusión.


Así como el supremo
mandamiento del amor,
esta verdad debería
marcar nuestro
estilo de vida,
porque bebe
del corazón
del Evangelio
y nos convoca
no solo a aceptarla
con la mente,
sino a convertirla
en un gozo
contagioso.

Pero no podremos
celebrar con gratitud
el regalo gratuito
de la amistad con
el Señor si
no reconocemos
que aun nuestra
existencia terrena
y nuestras
capacidades
naturales
son un regalo.

Necesitamos
«consentir
jubilosamente que
nuestra realidad
sea dádiva,
y aceptar aun
nuestra libertad
como gracia.

Esto es lo difícil
hoy en un mundo
que cree tener
algo por sí mismo,
fruto de su propia
originalidad o
de su libertad»[61].



[61] Lucio Gera,
“Sobre el misterio del pobre”,
en P. Grelot-L. Gera-A. Dumas,
El Pobre, Buenos Aires 1962, 103.

Imagen

Punto 56.
Solamente a partir
del don de Dios,
libremente acogido
y humildemente recibido,
podemos cooperar
con nuestros esfuerzos
para dejarnos
transformar
más y más[62].


Lo primero es
pertenecer a Dios.

Se trata de ofrecernos
a Él que nos primerea,
de entregarle
nuestras capacidades,
nuestro empeño,
nuestra lucha contra el mal
y nuestra creatividad,
para que su don gratuito
crezca y se desarrolle
en nosotros:

«Os exhorto,
pues, hermanos, por
la misericordia de Dios,
a que presentéis
vuestros cuerpos
como sacrificio
vivo, santo,
agradable a Dios»

(Rm 12,1).

Por otra parte, la Iglesia
siempre enseñó
que solo la caridad
hace posible
el crecimiento
en la vida
de la gracia,
porque si no
tengo caridad,
no soy nada
(cf. 1 Co 13,2).


[62] Esta es,
en definitiva,
la doctrina católica
acerca del «mérito»
posterior a la justificación:
se trata de
la cooperación
del justificado
para el crecimiento
de la vida de la gracia
(cf. Catecismo de
la Iglesia Católica, 2010).
Pero esta cooperación
de ninguna manera
hace que
la justificación misma
y la amistad con Dios
se vuelvan objeto
de un mérito humano.

Imagen

Los nuevos pelagianos

Punto 57.
Todavía hay cristianos
que se empeñan
en seguir otro camino:


El de la justificación
por las propias fuerzas,
el de la adoración de
la voluntad humana
y de la propia capacidad,
que se traduce en
una autocomplacencia
egocéntrica y
elitista privada del
verdadero amor.

Se manifiesta
en muchas actitudes
aparentemente
distintas:

La obsesión por la ley,
la fascinación por mostrar
conquistas sociales y políticas,
la ostentación en
el cuidado de la liturgia,
de la doctrina y del
prestigio de la Iglesia,
la vanagloria ligada a
la gestión de
asuntos prácticos,
el embeleso por
las dinámicas
de autoayuda
y de realización
autorreferencial.

En esto algunos cristianos
gastan sus energías
y su tiempo,
en lugar de dejarse
llevar por el Espíritu
en el camino del amor,
de apasionarse por
comunicar la hermosura
y la alegría del Evangelio
y de buscar a los perdidos
en esas inmensas multitudes
sedientas de Cristo[63].



[63] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 95: AAS 105 (2013), 1060.

Imagen

Punto 58.
Muchas veces, en contra
del impulso del Espíritu,
la vida de la Iglesia
se convierte en
una pieza de museo
o en una posesión
de pocos.


Esto ocurre cuando
algunos grupos cristianos
dan excesiva importancia
al cumplimiento de
determinadas
normas propias,
costumbres
o estilos.

De esa manera,
se suele reducir y
encorsetar
el Evangelio,
quitándole
su sencillez
cautivante
y su sal.

Es quizás una forma
sutil de pelagianismo,
porque parece someter
la vida de la gracia
a unas estructuras
humanas.

Esto afecta
a grupos,
movimientos
y comunidades,
y es lo que explica
por qué tantas veces
comienzan con
una intensa
vida en el Espíritu,
pero luego
terminan
fosilizados...
o corruptos.

Imagen

Punto 59.
Sin darnos cuenta,
por pensar que
todo depende
del esfuerzo humano
encauzado por normas
y estructuras eclesiales,
complicamos el Evangelio

y nos volvemos esclavos
de un esquema que
deja pocos resquicios
para que la gracia actúe.

Santo Tomás de Aquino
nos recordaba que
los preceptos añadidos
al Evangelio por la Iglesia
deben exigirse con moderación
«para no hacer pesada
la vida a los fieles»
,
porque así
«se convertiría
nuestra religión
en una esclavitud»[64].


[64] Summa Theologiae I-II,
q.107, a.4.

Imagen

El resumen de la Ley

Punto 60.
En orden a evitarlo,
es sano recordar
frecuentemente
que existe
una jerarquía
de virtudes,
que nos invita
a buscar
lo esencial.


El primado lo tienen
las virtudes teologales,
que tienen a Dios
como objeto y motivo.

Y en el centro
está la caridad.

San Pablo dice
que lo que cuenta
de verdad es
«la fe que actúa
por el amor»

(Ga 5,6).

Estamos llamados
a cuidar atentamente
la caridad:

«El que ama ha cumplido
el resto de la ley […]
por eso la plenitud
de la ley es el amor»

(Rm 13,8.10).

«Porque
toda la ley
se cumple en
una sola frase,
que es:

Amarás a tu prójimo
como a ti mismo»

(Ga 5,14).

Imagen

Punto 61.
Dicho con otras palabras:
en medio de la tupida selva
de preceptos y prescripciones,
Jesús abre una brecha
que permite distinguir
dos rostros,
el del Padre y
el del hermano.


No nos entrega
dos fórmulas o
dos preceptos más.

Nos entrega
dos rostros,
o mejor,
uno solo,
el de Dios
que se refleja
en muchos.

Porque en
cada hermano,
especialmente
en el más pequeño,
frágil, indefenso
y necesitado,
está presente
la imagen misma
de Dios.

En efecto, el Señor,
al final de los tiempos,
plasmará
su obra de arte
con el desecho
de esta humanidad
vulnerable.

Pues, «¿qué es
lo que queda?,
¿qué es lo que
tiene valor
en la vida?,
¿qué riquezas son
las que no
desaparecen?

Sin duda, dos:

El Señor y
el prójimo.


Estas dos riquezas
no desaparecen»[65].


[65] Homilía durante el Jubileo
de las personas socialmente excluidas

(13 noviembre 2016):
L’Osservatore Romano
(14-15 noviembre 2016), p. 8.

Imagen

Punto 62.
¡Que el Señor
libere a la Iglesia
de las nuevas formas
de gnosticismo y
de pelagianismo

que la complican
y la detienen
en su camino
hacia la santidad!

Estas desviaciones
se expresan de
diversas formas,
según el propio
temperamento y
las propias
características.

Por eso exhorto
a cada uno
a preguntarse
y a discernir
frente a Dios
de qué manera
pueden estar
manifestándose
en su vida.

Imagen
--------------------------------------------------------------------------------
Capítulo III, VERLO EN EL SIGUIENTE MENSAJE.


Para ver el texto completo, pulsar en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html


Imagen
Última edición por esoto el 02 Jun 2018 09:07, editado 11 veces en total
Imagen
Avatar de Usuario
esoto
 
Mensajes: 8069
Registrado: 31 Jul 2012 09:42

Re: «EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 0

Notapor Montemar » 10 Abr 2018 08:58

¡¡Gracias, esoto!!
Montemar

Imagen

Señor, que sepa vivir abrazada al Evangelio.
Avatar de Usuario
Montemar
 
Mensajes: 37754
Registrado: 14 Nov 2008 10:01

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Cap. III)»

Notapor esoto » 11 Abr 2018 15:20

Imagen

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
«GAUDETE ET EXSULTATE»

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

“SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL”

Imagen

CAPÍTULO TERCERO:

A LA LUZ DEL MAESTRO

Imagen

Punto 63.
Puede haber
muchas teorías
sobre lo que
es la santidad,
abundantes
explicaciones
y distinciones.


Esa reflexión
podría ser útil,
pero nada es
más iluminador
que volver a
las palabras
de Jesús
y recoger
su modo de
transmitir
la verdad.

Jesús explicó
con toda sencillez
qué es ser santos,
y lo hizo
cuando nos dejó
las bienaventuranzas
(cf. Mt 5,3-12;
Lc 6,20-23).

Son como el carnet
de identidad del
cristiano.

Así, si alguno
de nosotros
se plantea
la pregunta:

«¿Cómo se hace
para llegar a ser
un buen cristiano?»
,
la respuesta es sencilla:

Es necesario hacer,
cada uno a su modo,
lo que dice Jesús
en el sermón de
las bienaventuranzas
[66].


En ellas se dibuja
el rostro del Maestro,
que estamos llamados
a transparentar
en lo cotidiano
de nuestras vidas.


[66]
Cf. Homilía en la Misa de
la Casa Santa Marta
(9 junio 2014):
L’Osservatore Romano,
ed. semanal en lengua española
(13 junio 2014), p. 11.

Imagen

Punto 64.
La palabra «feliz»
o «bienaventurado»,
pasa a ser sinónimo
de «santo»,

porque expresa
que la persona
que es fiel a Dios
y vive su Palabra
alcanza, en
la entrega de sí,
la verdadera dicha.

Imagen

A CONTRACORRIENTE

Punto 65.
Aunque las palabras de Jesús
puedan parecernos poéticas,
sin embargo van muy
a contracorriente

con respecto a
lo que es costumbre,
a lo que se hace
en la sociedad;
y, si bien este
mensaje de Jesús
nos atrae,
en realidad
el mundo
nos lleva
hacia otro
estilo de vida.

Las bienaventuranzas
de ninguna manera
son algo liviano
o superficial;
al contrario,
ya que solo
podemos vivirlas
si el Espíritu Santo
nos invade con
toda su potencia
y nos libera de
la debilidad
del egoísmo,
de la comodidad,
del orgullo.

Imagen

Punto 66.
Volvamos a escuchar a Jesús,
con todo el amor y el respeto
que merece el Maestro.


Permitámosle
que nos golpee
con sus palabras,
que nos desafíe,
que nos interpele
a un cambio
real de vida.

De otro modo,
la santidad
será solo
palabras.

Recordamos ahora
las distintas
bienaventuranzas
en la versión del
evangelio de Mateo
(cf. Mt 5,3-12) [67].


[67]
El orden entre la segunda
y la tercera bienaventuranza cambia
según las diversas tradiciones textuales.

Imagen

«Felices los pobres de espíritu,
porque de ellos es
el reino de los cielos»

Punto 67.
El Evangelio nos invita
a reconocer la verdad
de nuestro corazón,

para ver dónde
colocamos
la seguridad
de nuestra vida.

Normalmente el rico
se siente seguro
con sus riquezas,
y cree que cuando
están en riesgo,
todo el sentido
de su vida
en la tierra
se desmorona.

Jesús mismo
nos lo dijo
en la parábola
del rico insensato,
de ese hombre seguro
que, como necio,
no pensaba
que podría morir
ese mismo día
(cf. Lc 12,16-21).

Imagen

Punto 68.
Las riquezas no
te aseguran
nada.


Es más:
cuando el corazón
se siente rico,
está tan satisfecho
de sí mismo
que no tiene espacio
para la Palabra de Dios,
para amar a los hermanos
ni para gozar de las cosas
más grandes de la vida.

Así se priva de
los mayores
bienes.

Por eso Jesús
llama felices
a los pobres
de espíritu,
que tienen
el corazón pobre,
donde puede
entrar el Señor
con su constante
novedad.

Imagen

Punto 69.
Esta pobreza de espíritu
está muy relacionada
con aquella
«santa indiferencia»

que proponía
san Ignacio de Loyola,
en la cual alcanzamos
una hermosa libertad interior:

«Es menester
hacernos indiferentes
a todas las cosas criadas,
en todo lo que es concedido
a la libertad de
nuestro libre albedrío,
y no le está prohibido;
en tal manera, que
no queramos
de nuestra parte
más salud que enfermedad,
riqueza que pobreza,
honor que deshonor,
vida larga que corta,
y por consiguiente
en todo lo demás»[68].



[68]
Ejercicios espirituales, 23.

Imagen

Punto 70.
Lucas no habla
de una pobreza
«de espíritu»
sino de ser
«pobres»
a secas

(cf. Lc 6,20),
y así nos invita
también a
una existencia
austera y
despojada.

De ese modo,
nos convoca
a compartir
la vida de
los más
necesitados,
la vida que
llevaron
los Apóstoles,
y en definitiva
a configurarnos
con Jesús,
que «siendo rico
se hizo pobre»

(2 Co 8,9).

Ser pobre
en el corazón,
esto es santidad
.


Imagen

«Felices los mansos,
porque heredarán la tierra»

Punto 71.
Es una expresión fuerte,
en este mundo que
desde el inicio
es un lugar de
enemistad,

donde se riñe
por doquier,
donde por
todos lados
hay odio,
donde
constantemente
clasificamos
a los demás
por sus ideas,
por sus costumbres,
y hasta por
su forma
de hablar o
de vestir.

En definitiva,
es el reino
del orgullo y
de la vanidad,
donde cada uno
se cree con
el derecho
de alzarse
por encima
de los otros.

Sin embargo,
aunque
parezca
imposible,
Jesús propone
otro estilo:

La mansedumbre.

Es lo que Él practicaba
con sus propios discípulos
y lo que contemplamos
en su entrada a Jerusalén:

«Mira a tu rey,
que viene a ti,
humilde,
montado en
una borrica»

(Mt 21,5; cf. Za 9,9).

Imagen

Punto 72.
Él dijo:
«Aprended de mí,
que soy manso
y humilde
de corazón,
y encontraréis
descanso para
vuestras almas»

(Mt 11,29).

Si vivimos tensos,
engreídos
ante los demás,
terminamos
cansados
y agotados.

Pero cuando
miramos
sus límites
y defectos
con ternura
y mansedumbre,
sin sentirnos
más que ellos,
podemos darles
una mano y evitamos
desgastar energías
en lamentos inútiles.

Para santa Teresa de Lisieux
«la caridad perfecta
consiste en soportar
los defectos de los demás,
en no escandalizarse
de sus debilidades»[69].



[69]
Manuscrito C, 12r.

Imagen

Punto 73.
Pablo menciona
la mansedumbre
como un fruto
del Espíritu Santo

(cf. Ga 5,23).

Propone que,
si alguna vez
nos preocupan
las malas acciones
del hermano,
nos acerquemos
a corregirle,
pero «con espíritu
de mansedumbre»

(Ga 6,1),
y recuerda:
«Piensa que
también tú
puedes ser
tentado»
(ibíd.).

Aun cuando uno
defienda su fe
y sus convicciones
debe hacerlo
con mansedumbre
(cf. 1 P 3,16),
y hasta los adversarios
deben ser tratados
con mansedumbre
(cf. 2 Tm2,25).

En la Iglesia
muchas veces
nos hemos equivocado
por no haber acogido
este pedido de
la Palabra divina.

Imagen

Punto 74.
La mansedumbre
es otra expresión de
la pobreza interior,
de quien deposita
su confianza
solo en Dios.


De hecho, en la Biblia
suele usarse
la misma palabra
anawin
para referirse
a los pobres y
a los mansos.

Alguien podría objetar:

«Si yo soy tan manso,
pensarán que soy un necio,
que soy simple o débil».


Tal vez sea así,
pero dejemos
que los demás
piensen esto.

Es mejor
ser siempre
mansos,
y se cumplirán
nuestros
mayores
anhelos:

Los mansos
«poseerán
la tierra»,

es decir,
verán cumplidas
en sus vidas
las promesas
de Dios.

Porque los mansos,
más allá de lo que digan
las circunstancias,
esperan en el Señor,
y los que esperan
en el Señor
poseerán la tierra
y gozarán
de inmensa paz
(cf. Sal 37,9.11).

Al mismo tiempo,
el Señor confía
en ellos:

«En ese pondré mis ojos,
en el humilde y el abatido,
que se estremece
ante mis palabras»

(Is 66,2).

Reaccionar con
humilde mansedumbre,
esto es santidad
.


Imagen

«Felices los que lloran,
porque ellos serán
consolados»


Punto 75.
El mundo
nos propone
lo contrario:


El entretenimiento,
el disfrute,
la distracción,
la diversión,
y nos dice que eso
es lo que hace
buena la vida.

El mundano ignora,
mira hacia otra parte
cuando hay problemas
de enfermedad
o de dolor
en la familia
o a su alrededor.

El mundo
no quiere
llorar:

Prefiere ignorar
las situaciones
dolorosas,
cubrirlas,
esconderlas.

Se gastan
muchas energías
por escapar de
las circunstancias
donde se hace
presente
el sufrimiento,
creyendo que
es posible
disimular
la realidad,
donde nunca, nunca,
puede faltar la cruz.


Imagen

Punto 76.
La persona
que ve las cosas
como son realmente,
se deja traspasar
por el dolor
y llora en
su corazón,
es capaz de tocar
las profundidades de la vida
y de ser auténticamente feliz[70].


Esa persona es consolada,
pero con el consuelo de Jesús
y no con el del mundo.

Así puede atreverse
a compartir
el sufrimiento ajeno
y deja de huir
de las situaciones
dolorosas.

De ese modo
encuentra que
la vida tiene sentido
socorriendo al otro
en su dolor,
comprendiendo
la angustia ajena,
aliviando a los demás.

Esa persona siente
que el otro es
carne de su carne,
no teme acercarse
hasta tocar su herida,
se compadece
hasta experimentar
que las distancias
se borran.

Así es posible acoger
aquella exhortación
de san Pablo:
«Llorad con
los que lloran»

(Rm12,15).

Saber llorar
con los demás,
esto es santidad.


[70]
Desde los tiempos patrísticos,
la Iglesia valora el don de lágrimas,
como se puede ver también
en la hermosa oración
Ad petendam compunctionem cordis:
«Oh Dios omnipotente y mansísimo,
que para el pueblo sediento
hiciste surgir de la roca
una fuente de agua viva,
haz brotar de la dureza
de nuestros corazones
lágrimas de compunción,
para que llorando
nuestros pecados,
obtengamos por
tu misericordia
el perdón»

(Missale Romanum,
ed. typ. 1962, p. [110]).

Imagen

«Felices los que tienen
hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados»


Punto 77.
«Hambre y sed»
son experiencias
muy intensas,
porque responden
a necesidades
primarias
y tienen que ver
con el instinto
de sobrevivir.


Hay quienes con
esa intensidad
desean la justicia
y la buscan con
un anhelo tan fuerte.

Jesús dice que
serán saciados,
ya que tarde
o temprano
la justicia llega,
y nosotros
podemos
colaborar
para que
sea posible,
aunque no siempre
veamos los resultados
de este empeño.

Imagen

Punto 78.
Pero la justicia
que propone Jesús
no es como
la que busca
el mundo,

tantas veces manchada
por intereses mezquinos,
manipulada para
un lado o para otro.

La realidad nos muestra
qué fácil es entrar en
las pandillas de
la corrupción,
formar parte de esa
política cotidiana del
«doy para que me den»,
donde todo es negocio.

Y cuánta gente sufre
por las injusticias,
cuántos se quedan
observando impotentes
cómo los demás se turnan
para repartirse
la torta de la vida.

Algunos desisten de luchar
por la verdadera justicia,
y optan por subirse
al carro del vencedor.

Eso no tiene
nada que ver
con el hambre
y la sed de justicia
que Jesús elogia.

Imagen

Punto 79.
Tal justicia empieza
por hacerse realidad
en la vida de cada uno

siendo justo en
las propias decisiones,
y luego se expresa
buscando la justicia
para los pobres
y débiles.

Es cierto que
la palabra «justicia»
puede ser sinónimo de fidelidad
a la voluntad de Dios
con toda nuestra vida,
pero si le damos
un sentido muy general
olvidamos que se manifiesta
especialmente en
la justicia con
los desamparados:

«Buscad la justicia,
socorred al oprimido,
proteged el derecho
del huérfano,
defended
a la viuda»

(Is 1,17).

Buscar la justicia
con hambre y sed,
esto es santidad
.


Imagen

«Felices los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán
misericordia»

Punto 80.
La misericordia
tiene dos aspectos:
es dar,
ayudar,
servir a
los otros,
y también
perdonar,
comprender.


Mateo lo resume
en una regla de oro:

«Todo lo que queráis
que haga la gente
con vosotros,
hacedlo vosotros
con ella»

(Mt 7,12).

El Catecismo nos recuerda
que esta ley se debe aplicar
«en todos los casos»[71],
de manera especial cuando alguien
«se ve a veces enfrentado
con situaciones que hacen
el juicio moral menos seguro,
y la decisión difícil»[72].



[71]
Catecismo de la Iglesia Católica, 1789; cf. 1970.

[72] Catecismo de la Iglesia Católica, 1787.

Imagen

Punto 81.
Dar y perdonar
es intentar reproducir
en nuestras vidas
un pequeño reflejo
de la perfección de Dios,
que da y perdona
sobreabundantemente.


Por tal razón,
en el evangelio
de Lucas ya no
escuchamos el
«sed perfectos»
(Mt5,48) sino
«sed misericordiosos
como vuestro Padre
es misericordioso;
no juzguéis,
y no seréis juzgados;
no condenéis,
y no seréis condenados;
perdonad,
y seréis perdonados;
dad, y se os dará»

(Lc 6,36-38).

Y luego Lucas
agrega algo
que no deberíamos
ignorar:

«Con la medida
con que midiereis
se os medirá
a vosotros»

(Lc 6,38).

La medida
que usemos
para comprender
y perdonar
se aplicará
a nosotros para
perdonarnos.

La medida que
apliquemos para dar,
se nos aplicará en el cielo
para recompensarnos.

No nos conviene olvidarlo.

Imagen

Punto 82.
Jesús no dice:

«Felices los que
planean venganza»,

sino que
llama felices
a aquellos
que perdonan
y lo hacen
«setenta
veces siete»

(Mt 18,22).

Es necesario pensar
que todos nosotros
somos un ejército
de perdonados.

Todos nosotros
hemos sido
mirados
con compasión
divina.

Si nos acercamos
sinceramente
al Señor y
afinamos el oído,
posiblemente
escucharemos
algunas veces
este reproche:

«¿No debías
tú también
tener compasión
de tu compañero,
como yo tuve
compasión de ti?»

(Mt 18,33).

Mirar y actuar
con misericordia,
esto es santidad
.


Imagen

«Felices los de corazón limpio,
porque ellos verán a Dios»


Punto 83.
Esta bienaventuranza
se refiere a quienes
tienen un corazón
sencillo, puro,
sin suciedad,

porque un corazón
que sabe amar
no deja entrar
en su vida algo
que atente
contra
ese amor,
algo que
lo debilite
o lo ponga
en riesgo.

En la Biblia,
el corazón
son nuestras
intenciones
verdaderas,
lo que realmente
buscamos
y deseamos,
más allá de lo que
aparentamos:

«El hombre mira
las apariencias,
pero el Señor mira
el corazón»

(1 S 16,7).

Él busca hablarnos
en el corazón
(cf. Os 2,16)
y allí desea
escribir su Ley
(cf. Jr 31,33).

En definitiva,
quiere darnos
un corazón nuevo
(cf. Ez 36,26).

Imagen

Punto 84.
Lo que más
hay que cuidar
es el corazón

(cf. Pr 4,23).

Nada manchado
por la falsedad
tiene un valor real
para el Señor.

Él «huye
de la falsedad,
se aleja de
los pensamientos
vacíos»

(Sb 1,5).

El Padre, que
«ve en
lo secreto»

(Mt 6,6),
reconoce lo que
no es limpio,
es decir, lo que
no es sincero,
sino solo
cáscara y
apariencia,
así como el Hijo
sabe también
«lo que hay dentro
de cada hombre»

(Jn2,25).

Imagen

Punto 85.
Es cierto que
no hay amor
sin obras
de amor,

pero esta
bienaventuranza
nos recuerda que
el Señor espera
una entrega al hermano
que brote del corazón,
ya que «si repartiera
todos mis bienes
entre los necesitados;
si entregara
mi cuerpo a las llamas,
pero no tengo amor,
de nada me serviría»

(1 Co 13,3).

En el evangelio de Mateo
vemos también que
lo que viene de
dentro del corazón
es lo que contamina
al hombre
(cf. Mt 15,18),
porque de allí proceden
los asesinatos,
el robo,
los falsos testimonios,
y demás cosas
(cf. Mt 15,19).

En las intenciones
del corazón
se originan
los deseos
y las decisiones
más profundas
que realmente
nos mueven.

Imagen

Punto 86.
Cuando el corazón
ama a Dios y al prójimo

(cf. Mt 22,36-40),
cuando esa es
su intención verdadera
y no palabras vacías,
entonces ese
corazón es puro
y puede ver a Dios.

San Pablo,
en medio
de su himno
a la caridad,
recuerda que
«ahora vemos
como en un espejo,
confusamente»

(1 Co 13,12),
pero en
la medida
que reine
de verdad
el amor,
nos volveremos
capaces de ver
«cara a cara»
(ibíd.).

Jesús promete
que los de corazón puro
«verán a Dios».

Mantener
el corazón limpio
de todo lo que
mancha el amor,
esto es santidad
.


Imagen

«Felices los que
trabajan por la paz,
porque ellos
serán llamados
hijos de Dios»


Punto 87.
Esta bienaventuranza
nos hace pensar
en las numerosas
situaciones de guerra
que se repiten.


Para nosotros es muy común
ser agentes de enfrentamientos
o al menos de malentendidos.

Por ejemplo, cuando
escucho algo de alguien
y voy a otro y se lo digo;
e incluso hago
una segunda versión
un poco más amplia
y la difundo.

Y si logro hacer más daño,
parece que me provoca
mayor satisfacción.

El mundo de las habladurías,
hecho por gente que
se dedica a criticar y a destruir,
no construye la paz.

Esa gente más bien
es enemiga de la paz
y de ningún modo
bienaventurada[73].


[73]
La difamación y la calumnia
son como un acto terrorista:
se arroja la bomba, se destruye,
y el atacante se queda
feliz y tranquilo.

Esto es muy diferente
de la nobleza
de quien se acerca
a conversar cara a cara,
con serena sinceridad,
pensando en el bien del otro.

Imagen

Punto 88.
Los pacíficos
son fuente de paz,
construyen paz
y amistad social.


A esos que se ocupan
de sembrar paz
en todas partes,
Jesús les hace
una promesa
hermosa:

«Ellos serán llamados
hijos de Dios»

(Mt 5,9).

Él pedía a los discípulos
que cuando llegaran
a un hogar dijeran:

«Paz a esta casa»
(Lc 10,5).

La Palabra de Dios
exhorta a cada creyente
para que busque la paz
junto con todos
(cf. 2 Tm 2,22), porque
«el fruto de la justicia
se siembra en la paz
para quienes trabajan
por la paz»

(St 3,18).

Y si en alguna ocasión
en nuestra comunidad
tenemos dudas acerca
de lo que hay que hacer,
«procuremos lo que
favorece la paz»

(Rm 14,19)
porque la unidad
es superior
al conflicto[74].



[74]
En algunas ocasiones
puede ser necesario
conversar acerca de
las dificultades
de algún hermano.

En estos casos puede ocurrir
que se transmita un relato
en lugar de un hecho objetivo.

La pasión deforma
la realidad concreta del hecho,
lo transforma en relato
y termina transmitiendo
ese relato cargado
de subjetividad.

Así se destruye
la realidad
y no se respeta
la verdad del otro.

Imagen

Punto 89.
No es fácil construir
esta paz evangélica
que no excluye a nadie

sino que integra también
a los que son algo extraños,
a las personas difíciles
y complicadas,
a los que reclaman atención,
a los que son diferentes,
a quienes están
muy golpeados por la vida,
a los que tienen
otros intereses.

Es duro y requiere
una gran amplitud
de mente y de corazón,
ya que no se trata de
«un consenso de escritorio
o una efímera paz
para una minoría feliz»[75],

ni de un proyecto
«de unos pocos
para unos pocos»[76].


Tampoco pretende
ignorar o disimular
los conflictos, sino
«aceptar
sufrir el conflicto,
resolverlo
y transformarlo
en el eslabón de
un nuevo proceso»[77].


Se trata de ser
artesanos de la paz,
porque construir la paz
es un arte que
requiere
serenidad,
creatividad,
sensibilidad
y destreza.

Sembrar paz
a nuestro alrededor,
esto es santidad
.



[75]
Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 218: AAS 105 (2013), 1110.

[76] Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 239: AAS 105 (2013), 1116.

[77] Exhort. ap. Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013), 227: AAS 105 (2013), 1112.

Imagen

«Felices los perseguidos
por causa de la justicia,
porque de ellos es
el reino de los cielos»


Punto 90.
Jesús mismo remarca
que este camino va
a contracorriente

hasta el punto de
convertirnos en seres
que cuestionan
a la sociedad
con su vida,
personas
que molestan.

Jesús recuerda
cuánta gente
es perseguida
y ha sido
perseguida
sencillamente por
haber luchado
por la justicia,
por haber vivido
sus compromisos
con Dios y con
los demás.

Si no queremos
sumergirnos
en una oscura
mediocridad
no pretendamos
una vida cómoda,
porque «quien quiera
salvar su vida
la perderá»

(Mt16,25).

Imagen

Punto 91.
No se puede esperar,
para vivir el Evangelio,
que todo a nuestro
alrededor sea favorable,
porque muchas veces
las ambiciones del poder
y los intereses mundanos
juegan en contra nuestra.


SanJuan Pablo II decía
que «está alienada
una sociedad que,
en sus formas
de organización social,
de producción y consumo,
hace más difícil la realización
de esta donación [de sí]
y la formación de esa
solidaridad interhumana»[78].


En una sociedad así,
alienada, atrapada
en una trama política,
mediática, económica,
cultural e incluso religiosa
que impide un auténtico
desarrollo humano y social,
se vuelve difícil vivir
las bienaventuranzas,
llegando incluso
a ser algo mal visto,
sospechado, ridiculizado.


[78]
Carta enc. Centesimus annus
(1 mayo 1991), 41c: AAS 83 (1991), 844-845.

Imagen

Punto 92.
La cruz, sobre todo
los cansancios y
los dolores que
soportamos
por vivir
el mandamiento
del amor y
el camino de
la justicia,
es fuente de
maduración y
de santificación.


Recordemos que cuando
el Nuevo Testamento
habla de los sufrimientos
que hay que soportar
por el Evangelio,
se refiere
precisamente a
las persecuciones.

(cf. Hch 5,41;
Flp 1,29;
Col 1,24;
2 Tm 1,12;
1 P 2,20;
1 P 4,14-16;
Ap 2,10).

Imagen

Punto 93.
Pero hablamos de
las persecuciones inevitables,
no de las que podamos
ocasionarnos nosotros mismos
con un modo equivocado
de tratar a los demás.


Un santo no es
alguien raro, lejano,
que se vuelve
insoportable
por su vanidad,
su negatividad
y sus resentimientos.

No eran así
los Apóstoles
de Cristo.

El libro de
los Hechos

cuenta
insistentemente
que ellos gozaban
de la simpatía
«de todo
el pueblo»

(2,47; cf. 4,21.33; 5,13)
mientras algunas
autoridades
los acosaban
y perseguían
(cf. 4,1-3; 5,17-18).

Imagen

Punto 94.
Las persecuciones no son
una realidad del pasado,
porque hoy también
las sufrimos,

sea de manera cruenta,
como tantos mártires
contemporáneos,
o de un modo más sutil,
a través de calumnias
y falsedades.

Jesús dice que
habrá felicidad cuando
«os calumnien
de cualquier modo
por mi causa»

(Mt 5,11).

Otras veces
se trata de burlas
que intentan
desfigurar
nuestra fe y
hacernos pasar
como seres
ridículos.

Aceptar cada día
el camino del
Evangelio
aunque
nos traiga
problemas,
esto es
santidad
.


Imagen

EL GRAN PROTOCOLO

Punto 95.
En el capítulo 25
del evangelio
de Mateo
(vv. 31-46),
Jesús vuelve
a detenerse
en una de estas
bienaventuranzas,
la que declara felices
a los misericordiosos.


Si buscamos esa santidad
que agrada a los ojos de Dios,
en este texto hallamos
precisamente un protocolo
sobre el cual seremos juzgados:

«Porque tuve hambre
y me disteis de comer,
tuve sed y me disteis de beber,
fui forastero y me hospedasteis,
estuve desnudo y me vestisteis,
enfermo y me visitasteis,
en la cárcel y vinisteis a verme»

(Mt 25,35-36).

Imagen

Por fidelidad al Maestro

Punto 96.
Por lo tanto,
ser santos
no significa
blanquear
los ojos
en un supuesto
éxtasis.


Decía san Juan Pablo II
que «si verdaderamente
hemos partido de
la contemplación de Cristo,
tenemos que saberlo descubrir
sobre todo en el rostro
de aquellos con los que
Él mismo ha querido
identificarse»[79].


El texto de Mateo 25,35-36
«no es una simple
invitación a la caridad:
es una página
de cristología,
que ilumina
el misterio
de Cristo»[80].


En este llamado
a reconocerlo
en los pobres
y sufrientes
se revela el mismo
corazón de Cristo,
sus sentimientos
y opciones
más profundas,
con las cuales
todo santo intenta
configurarse.


[79]
Carta ap. Novo millennio ineunte
(6 enero 2001), 49: AAS 93 (2001), 302.

[80] Carta ap. Novo millennio ineunte
(6 enero 2001), 49: AAS 93 (2001), 302.

Imagen

Punto 97.
Ante la contundencia
de estos pedidos de Jesús
es mi deber rogar
a los cristianos
que los acepten y reciban
con sincera apertura,
«sine glossa»,

es decir, sin comentario,
sin elucubraciones y excusas
que les quiten fuerza.

El Señor nos dejó bien claro
que la santidad no puede
entenderse ni vivirse
al margen de estas exigencias suyas,
porque la misericordia es
«el corazón palpitante
del Evangelio»[81].



[81]
Bula Misericordiae Vultus
(11 abril 2015), 12: AAS107 (2015), 407.

Imagen

Punto 98.
Cuando encuentro
a una persona durmiendo
a la intemperie,
en una noche fría,

puedo sentir
que ese bulto
es un imprevisto
que me interrumpe,
un delincuente ocioso,
un estorbo en mi camino,
un aguijón molesto
para mi conciencia,
un problema que
deben resolver
los políticos,
y quizá hasta
una basura
que ensucia
el espacio
público.

O puedo reaccionar
desde la fe
y la caridad,
y reconocer en él
a un ser humano
con mi misma dignidad,
a una creatura
infinitamente amada
por el Padre,
a una imagen de Dios,
a un hermano
redimido
por Jesucristo.

¡Eso es ser
cristianos!


¿O acaso puede
entenderse
la santidad
al margen de este
reconocimiento vivo
de la dignidad
de todo
ser humano?[82]



[82]
Recordemos la reacción
del buen samaritano
ante el hombre que
unos bandidos dejaron
medio muerto
al borde del camino
(cf. Lc 10,30-37).

Imagen

Punto 99.
Esto implica
para los cristianos
una sana y
permanente
insatisfacción.


Aunque aliviar
a una sola persona
ya justificaría todos
nuestros esfuerzos,
eso no nos basta.

Los Obispos de Canadá
lo expresaron claramente
mostrando que,
en las enseñanzas bíblicas
sobre el Jubileo, por ejemplo,
no se trata solo de realizar
algunas buenas obras
sino de buscar
un cambio social:

«Para que
las generaciones
posteriores también
fueran liberadas,
claramente
el objetivo debía ser
la restauración
de sistemas sociales
y económicos justos
para que ya no pudiera
haber exclusión»[83].



[83]
Conferencia Canadiense
de Obispos Católicos.
Comisión de Asuntos Sociales,
Carta abierta a
los miembros del Parlamento,
The Common Good or Exclusion:
A Choice for Canadians

(1 febrero 2001), 9.

Imagen

Las ideologías que mutilan
el corazón del Evangelio

Punto 100.
Lamento que a veces
las ideologías nos lleven
a dos errores nocivos.


Por una parte,
el de los cristianos
que separan estas
exigencias
del Evangelio
de su relación
personal
con el Señor,
de la unión
interior con Él,
de la gracia.

Así se convierte
al cristianismo
en una especie
de ONG,
quitándole
esa mística
luminosa
que tan bien
vivieron
y manifestaron
san Francisco de Asís,
san Vicente de Paúl,
santa Teresa de Calcuta
y otros muchos.

A estos grandes santos
ni la oración,
ni el amor de Dios,
ni la lectura del Evangelio
les disminuyeron
la pasión o la eficacia
de su entrega al prójimo,
sino todo lo contrario.


Imagen

Punto 101.
También es nocivo
e ideológico el error
de quienes viven
sospechando del
compromiso social
de los demás,

considerándolo
algo superficial,
mundano,
secularista,
inmanentista,
comunista,
populista.

O lo relativizan
como si hubiera
otras cosas
más importantes
o como si solo
interesara
una determinada
ética o una razón
que ellos defienden.

La defensa del inocente
que no ha nacido,
por ejemplo,
debe ser clara,
firme y
apasionada,
porque allí
está en juego
la dignidad de
la vida humana,
siempre sagrada,
y lo exige el amor
a cada persona
más allá de
su desarrollo.

Pero igualmente
sagrada
es la vida de
los pobres que
ya han nacido,
que se debaten
en la miseria,
el abandono,
la postergación,
la trata de personas,
la eutanasia encubierta
en los enfermos
y ancianos
privados de atención,
las nuevas formas
de esclavitud,
y en toda forma
de descarte[84].


No podemos plantearnos
un ideal de santidad
que ignore la injusticia
de este mundo,
donde unos festejan,
gastan alegremente
y reducen su vida
a las novedades
del consumo,
al mismo tiempo
que otros
solo miran
desde afuera
mientras
su vida pasa
y se acaba
miserablemente.


[84]
Cf. La V Conferencia General
del Episcopado Latinoamericano y del Caribe,
según el magisterio constante de la Iglesia,
ha enseñado que el ser humano
«es siempre sagrado,
desde su concepción,
en todas las etapas
de su existencia,
hasta su muerte natural
y después de la muerte»,

y que su vida debe ser cuidada
«desde la concepción,
en todas sus etapas,
y hasta la muerte natural»

(Documento de Aparecida,
29 junio 2007, 388,464).

Imagen

Punto 102.
Suele escucharse que,
frente al relativismo y
a los límites del
mundo actual,
sería un asunto menor
la situación de
los migrantes,

por ejemplo.

Algunos católicos afirman
que es un tema secundario
al lado de los temas
«serios» de la bioética.

Que diga algo así
un político preocupado
por sus éxitos
se puede comprender;
pero no un cristiano,
a quien solo le cabe
la actitud de ponerse
en los zapatos de
ese hermano
que arriesga su vida
para dar un futuro
a sus hijos.

¿Podemos reconocer
que es precisamente
eso lo que nos reclama
Jesucristo cuando nos dice
que a Él mismo lo recibimos
en cada forastero
(cf. Mt 25,35)?

San Benito lo había
asumido sin vueltas y,
aunque eso pudiera
«complicar»
la vida de los monjes,
estableció que a
todos los huéspedes
que se presentaran
en el monasterio
se los acogiera
«como a Cristo»[85],
expresándolo aun con
gestos de adoración[86],
y que a los pobres
y peregrinos
se los tratara
«con el máximo
cuidado y solicitud»[87].



[85]
Cf. Regla, 53,1: PL 66,749.

[86]
Cf. Regla, 53,7: PL 66,750.

[87]
Cf. Regla, 53,15: PL 66,751.

Imagen

Punto 103.
Algo semejante plantea
el Antiguo Testamento
cuando dice:
«No maltratarás
ni oprimirás
al emigrante,
pues emigrantes
fuisteis vosotros
en la tierra
de Egipto»

(Ex 22,20).

«Si un emigrante
reside con vosotros
en vuestro país,
no lo oprimiréis.

El emigrante que
reside entre vosotros
será para vosotros
como el indígena:
lo amarás como
a ti mismo,
porque emigrantes
fuisteis en Egipto»

(Lv 19,33-34).

Por lo tanto,
no se trata de
un invento de
un Papa o de
un delirio
pasajero.

Nosotros también,
en el contexto actual,
estamos llamados
a vivir el camino
de iluminación
espiritual que
nos presentaba
el profeta Isaías
cuando se
preguntaba
qué es lo que
agrada a Dios:

«Partir tu pan
con el hambriento,
hospedar a
los pobres
sin techo,
cubrir a quien
ves desnudo
y no desentenderte
de los tuyos.

Entonces surgirá tu luz
como la aurora»

(Is 58,7-8).

Imagen

El culto que más le agrada

Punto 104.
Podríamos pensar
que damos gloria a Dios
solo con el culto
y la oración, o
únicamente cumpliendo
algunas normas éticas

―es verdad que el primado
es la relación con Dios―,
y olvidamos que el criterio
para evaluar nuestra vida
es ante todo lo que hicimos
con los demás.

La oración
es preciosa
si alimenta
una entrega
cotidiana
de amor.


Nuestro culto
agrada a Dios
cuando allí llevamos
los intentos de vivir
con generosidad y
cuando dejamos que
el don de Dios
que recibimos en Él
se manifieste en
la entrega a
los hermanos.

Imagen

Punto 105.
Por la misma razón,
el mejor modo
de discernir
si nuestro
camino
de oración
es auténtico

será mirar
en qué medida
nuestra vida
se va
transformando
a la luz de
la misericordia.

Porque «la misericordia
no es solo el obrar del Padre,
sino que ella se convierte
en el criterio para saber
quiénes son realmente
sus verdaderos hijos»[88].


Ella «es la viga maestra
que sostiene la vida
de la Iglesia»[89].


Quiero remarcar
una vez más que,
si bien la misericordia
no excluye
la justicia y
la verdad,
«ante todo
tenemos
que decir que
la misericordia es
la plenitud de
la justicia y
la manifestación
más luminosa de
la verdad
de Dios»[90].


Ella «es la llave
del cielo»[91].



[88]
Bula Misericordiae Vultus
(11 abril 2015),
9: AAS 107 (2015), 405.

[89] Bula Misericordiae Vultus
(11 abril 2015),
10: AAS 107 (2015), 406.

[90] Exhort. ap. postsin.
Amoris laetitia
(19 marzo 2016),
311: AAS 108 (2016), 439.

[91] Exhort. ap.
Evangelii gaudium
(24 noviembre 2013),
197: AAS 105 (2013), 1103.

Imagen

Punto 106.
No puedo
dejar de recordar

aquella pregunta
que se hacía
santo Tomás de Aquino
cuando se planteaba
cuáles son nuestras
acciones más grandes,
cuáles son
las obras externas
que mejor manifiestan
nuestro amor a Dios.

Él respondió sin dudar
que son
as obras de
misericordia
con el prójimo[92],

más que los actos de culto:

«No adoramos a Dios
con sacrificios y
dones exteriores
por Él mismo,
sino por nosotros
y por el prójimo.

Él no necesita
nuestros sacrificios,
pero quiere que
se los ofrezcamos
por nuestra devoción
y para la utilidad
del prójimo.

Por eso,
la misericordia,
que socorre
los defectos ajenos,
es el sacrificio
que más le agrada,
ya que causa
más de cerca
la utilidad
del prójimo»[93].



[92]
Cf. Summa Theologiae
II-II, q.30, a.4.

[93]
Cf. Summa Theologiae
II-II, q.30, ad 1.

Imagen

Punto 107.
Quien de verdad quiera
dar gloria a Dios con su vida,

quien realmente
anhele santificarse
para que su existencia
glorifique al Santo,
está llamado
a obsesionarse,
desgastarse
y cansarse
intentando vivir
las obras de
misericordia.

Es lo que había
comprendido muy bien
santa Teresa de Calcuta:

«Sí, tengo muchas
debilidades humanas,
muchas miserias
humanas. […]

Pero Él baja
y nos usa,
a usted y a mí,
para ser su amor
y su compasión
en el mundo,
a pesar de
nuestros
pecados,
a pesar de
nuestras miserias
y defectos.

Él depende de nosotros
para amar al mundo
y demostrarle lo mucho
que lo ama.

Si nos ocupamos demasiado
de nosotros mismos,
no nos quedará tiempo
para los demás»[94].



[94]
Cristo en los pobres,
Madrid 1981, 37-38.

Imagen

Punto 108.
El consumismo
hedonista
puede jugarnos
una mala pasada,

porque en la obsesión
por pasarla bien
terminamos
excesivamente
concentrados
en nosotros mismos,
en nuestros derechos
y en esa desesperación
por tener tiempo libre
para disfrutar.

Será difícil que
nos ocupemos
y dediquemos energías
a dar una mano
a los que están mal
si no cultivamos
una cierta austeridad,
si no luchamos contra
esa fiebre que nos impone
la sociedad de consumo
para vendernos cosas,
y que termina
convirtiéndonos
en pobres insatisfechos
que quieren tenerlo todo
y probarlo todo.

También el consumo
de información superficial
y las formas de comunicación
rápida y virtual pueden ser
un factor de atontamiento
que se lleva todo
nuestro tiempo
y nos aleja de
la carne sufriente
de los hermanos.

En medio de esta
vorágine actual,
el Evangelio
vuelve a resonar
para ofrecernos
una vida diferente,
más sana y
más feliz.

Imagen

Punto 109.
La fuerza del
testimonio de
los santos
está en vivir
las bienaventuranzas
y el protocolo
del juicio final.


Son pocas
palabras,
sencillas,
pero prácticas
y válidas
para todos,
porque el cristianismo
es principalmente
para ser practicado,
y si es también
objeto de reflexión,
eso solo es válido
cuando nos ayuda
a vivir el Evangelio
en la vida cotidiana.

Recomiendo
vivamente
releer con
frecuencia
estos grandes
textos bíblicos,
recordarlos,
orar con ellos,
intentar
hacerlos
carne.

Nos harán bien,
nos harán
genuinamente
felices.

Imagen
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Imagen

Para ver la exhortación completa pulsar en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html
Última edición por esoto el 19 Jul 2018 07:46, editado 49 veces en total
Imagen
Avatar de Usuario
esoto
 
Mensajes: 8069
Registrado: 31 Jul 2012 09:42

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Cap. IV)»

Notapor esoto » 12 Abr 2018 07:55

Imagen

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
«GAUDETE ET EXSULTATE»

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

“SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL”

Imagen

CAPÍTULO CUARTO:

ALGUNAS NOTAS DE LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

Imagen

Punto 110.
Dentro del
gran marco
de la santidad
que nos proponen
las bienaventuranzas y
Mateo 25,31-46,

quisiera recoger
algunas notas
o expresiones
espirituales que,
a mi juicio,
no deben faltar
para entender
el estilo de vida
al que el Señor
nos llama.

No me detendré
a explicar
los medios de
santificación
que ya conocemos:
los distintos
métodos de oración,
los preciosos
sacramentos de
la Eucaristía y
la Reconciliación,
la ofrenda de sacrificios,
las diversas formas
de devoción,
la dirección espiritual,
y tantos otros.

Solo me referiré
a algunos aspectos
del llamado a
la santidad
que espero
resuenen de
modo especial.

Imagen
Última edición por esoto el 20 Jul 2018 06:54, editado 3 veces en total
Imagen
Avatar de Usuario
esoto
 
Mensajes: 8069
Registrado: 31 Jul 2012 09:42

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 04)

Notapor esoto » 13 Abr 2018 15:31

Imagen

Punto 4.
Los santos que ya han llegado
a la presencia de Dios
mantienen con nosotros
lazos de amor y comunión.


Lo atestigua
el libro del Apocalipsis
cuando habla de
los mártires
que interceden:

«Vi debajo del altar
las almas de los degollados
por causa de la Palabra de Dios
y del testimonio que mantenían.

Y gritaban con voz potente:

“¿Hasta cuándo,
Dueño santo y veraz,
vas a estar
sin hacer justicia?”»

(6,9-10).

Podemos decir que
«estamos rodeados,
guiados y conducidos
por los amigos de Dios […]

No tengo que llevar
yo solo lo que, en realidad,
nunca podría soportar yo solo.

La muchedumbre de
los santos de Dios
me protege,
me sostiene y
me conduce» [1].


[1]
Benedicto XVI,
Homilía en el solemne
inicio del ministerio petrino

(24 abril 2005):
AAS 97 (2005), 708.
Última edición por esoto el 15 Abr 2018 08:53, editado 4 veces en total
Imagen
Avatar de Usuario
esoto
 
Mensajes: 8069
Registrado: 31 Jul 2012 09:42

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 05)»

Notapor esoto » 14 Abr 2018 07:09

Imagen

Punto 5.
En los procesos de beatificación y canonización

se tienen en cuenta los signos de heroicidad
en el ejercicio de las virtudes,
la entrega de la vida en el martirio
y también los casos en que se haya verificado
un ofrecimiento de la propia vida por los demás,
sostenido hasta la muerte.

Esa ofrenda expresa
una imitación
ejemplar de Cristo,
y es digna de
la admiración
de los fieles[2].

Recordemos, por ejemplo,
a la beata María Gabriela Sagheddu,
que ofreció su vida por
la unión de los cristianos.


[2]
Supone de todos modos
que haya fama de santidad y un ejercicio,
al menos en grado ordinario,
de las virtudes cristianas:
cf. Motu proprio
Maiorem hac dilectionem (11 julio 2017),
art. 2c: L’Osservatore Romano (12 julio 2017), p. 8.
Imagen
Avatar de Usuario
esoto
 
Mensajes: 8069
Registrado: 31 Jul 2012 09:42

«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 06)»

Notapor esoto » 15 Abr 2018 08:55

Imagen

LOS SANTOS
DE LA PUERTA
DE AL LADO

Punto 6.
No pensemos solo
en los ya beatificados
o canonizados.


El Espíritu Santo
derrama santidad
por todas partes,
en el santo pueblo
fiel de Dios,
porque «fue
voluntad de Dios
el santificar y salvar
a los hombres,
no aisladamente,
sin conexión alguna
de unos con otros,
sino constituyendo un pueblo,
que le confesara en verdad
y le sirviera santamente»[3].


El Señor,
en la historia
de la salvación,
ha salvado
a un pueblo.

No existe identidad plena
sin pertenencia a un pueblo.

Por eso nadie se salva solo,
como individuo aislado,
sino que Dios nos atrae
tomando en cuenta
la compleja trama
de relaciones interpersonales
que se establecen
en la comunidad humana:

Dios quiso entrar
en una dinámica popular,
en la dinámica de un pueblo.


[3]
Conc. Ecum. Vat. II,
Const. dogm.
Lumen gentium,
sobre la Iglesia, 9.
Imagen
Avatar de Usuario
esoto
 
Mensajes: 8069
Registrado: 31 Jul 2012 09:42

Siguiente

Volver a ORACIÓN Y REFLEXIÓN

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 9 invitados