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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 11)»

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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 11)»

Notapor esoto » 09 Abr 2018 16:12

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EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
«GAUDETE ET EXSULTATE»

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

"SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL"

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CAPÍTULO PRIMERO:
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

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EL SEÑOR LLAMA

Punto 11.
«Cada uno por su camino»
dice el Concilio.


Entonces, no se trata
de desalentarse
cuando uno contempla
modelos de santidad
que le parecen
inalcanzables.

Hay testimonios
que son útiles
para estimularnos
y motivarnos,
pero no para que
tratemos de copiarlos,
porque eso
hasta podría
alejarnos
del camino
único y diferente
que el Señor
tiene para
nosotros.

Lo que interesa es
que cada creyente
discierna su propio camino
y saque a la luz
lo mejor de sí,
aquello tan personal
que Dios ha puesto en él
(cf. 1 Co 12, 7),
y no que se desgaste
intentando imitar algo
que no ha sido
pensado para él.

Todos estamos
llamados a ser testigos,
pero «existen
muchas formas
existenciales de
testimonio»[11].


De hecho, cuando
el gran místico
san Juan de la Cruz
escribía su
Cántico Espiritual,
prefería evitar
reglas fijas para todos
y explicaba que
sus versos
estaban escritos
para que cada uno
los aproveche
«según
su modo»[12].


Porque la vida divina
se comunica
«a unos en
una manera
y a otros
en otra»[13].



[11]
Hans U. von Balthasar,
“Teología y santidad”,
en Communio 6 (1987), 489.

[12] Cántico
Espiritual B,

Prólogo, 2.

[13] Cántico
Espiritual,
XIV-XV, 2.

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-------------------------------------------------------------

Punto 1.
«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12),

dice Jesús a los que son
perseguidos o humillados
por su causa.

El Señor lo pide todo,
y lo que ofrece es
la verdadera vida,
la felicidad para
la cual fuimos creados.

Él nos quiere santos
y no espera que
nos conformemos
con una existencia
mediocre,
aguada,
licuada.

En realidad, desde
las primeras páginas
de la Biblia está presente,
de diversas maneras,
el llamado a la santidad.

Así se lo proponía
el Señor a Abraham:

«Camina en mi presencia
y sé perfecto»
(Gn 17,1).

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Punto 2.
No es de esperar aquí
un tratado sobre
la santidad,

con tantas definiciones
y distinciones
que podrían enriquecer
este importante tema,
o con análisis que
podrían hacerse
acerca de los medios
de santificación.

Mi humilde objetivo
es hacer resonar
una vez más
el llamado
a la santidad,
procurando
encarnarlo
en el contexto actual,
con sus riesgos,
desafíos y
oportunidades.

Porque a cada uno de nosotros
el Señor nos eligió
«para que fuésemos santos
e irreprochables ante él
por el amor»
(Ef 1,4).

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CAPÍTULO PRIMERO:
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

LOS SANTOS
QUE NOS ALIENTAN
Y ACOMPAÑAN

Punto 3.
En la carta a los Hebreos
se mencionan distintos testimonios
que nos animan a que «corramos,
con constancia, en la carrera
que nos toca»
(12,1).

Allí se habla de Abraham, de Sara,
de Moisés, de Gedeón y de varios más
(cf. 11,1-12,3) y sobre todo
se nos invita a reconocer
que tenemos «una nube
tan ingente de testigos» (12,1)
que nos alientan a no
detenernos en el camino,
nos estimulan a seguir
caminando hacia la meta.

Y entre ellos puede estar
nuestra propia madre,
una abuela u otras
personas cercanas
(cf. 2 Tm 1,5).

Quizá su vida
no fue siempre
perfecta,
pero aun en medio
de imperfecciones y caídas
siguieron adelante
y agradaron al Señor.

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Punto 4.
Los santos que ya han llegado
a la presencia de Dios
mantienen con nosotros
lazos de amor y comunión.


Lo atestigua
el libro del Apocalipsis
cuando habla de
los mártires
que interceden:

«Vi debajo del altar
las almas de los degollados
por causa de la Palabra de Dios
y del testimonio que mantenían.

Y gritaban con voz potente:

“¿Hasta cuándo,
Dueño santo y veraz,
vas a estar
sin hacer justicia?”»

(6,9-10).

Podemos decir que
«estamos rodeados,
guiados y conducidos
por los amigos de Dios […]

No tengo que llevar
yo solo lo que, en realidad,
nunca podría soportar yo solo.

La muchedumbre de
los santos de Dios
me protege,
me sostiene y
me conduce» [1].


[1]
Benedicto XVI,
Homilía en el solemne
inicio del ministerio petrino

(24 abril 2005):
AAS 97 (2005), 708.

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Punto 5.
En los procesos de beatificación y canonización

se tienen en cuenta los signos de heroicidad
en el ejercicio de las virtudes,
la entrega de la vida en el martirio
y también los casos en que se haya verificado
un ofrecimiento de la propia vida por los demás,
sostenido hasta la muerte.

Esa ofrenda expresa
una imitación
ejemplar de Cristo,
y es digna de
la admiración
de los fieles[2].

Recordemos, por ejemplo,
a la beata María Gabriela Sagheddu,
que ofreció su vida por
la unión de los cristianos.


[2]
Supone de todos modos
que haya fama de santidad y un ejercicio,
al menos en grado ordinario,
de las virtudes cristianas:
cf. Motu proprio
Maiorem hac dilectionem (11 julio 2017),
art. 2c: L’Osservatore Romano (12 julio 2017), p. 8.

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LOS SANTOS
DE LA PUERTA
DE AL LADO

Punto 6.
No pensemos solo
en los ya beatificados
o canonizados.


El Espíritu Santo
derrama santidad
por todas partes,
en el santo pueblo
fiel de Dios,
porque «fue
voluntad de Dios
el santificar y salvar
a los hombres,
no aisladamente,
sin conexión alguna
de unos con otros,
sino constituyendo un pueblo,
que le confesara en verdad
y le sirviera santamente»[3].


El Señor,
en la historia
de la salvación,
ha salvado
a un pueblo.

No existe identidad plena
sin pertenencia a un pueblo.

Por eso nadie se salva solo,
como individuo aislado,
sino que Dios nos atrae
tomando en cuenta
la compleja trama
de relaciones interpersonales
que se establecen
en la comunidad humana:

Dios quiso entrar
en una dinámica popular,
en la dinámica de un pueblo.


[3]
Conc. Ecum. Vat. II,
Const. dogm.
Lumen gentium,
sobre la Iglesia, 9.

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Punto 7.
Me gusta ver la santidad
en el pueblo de Dios
paciente:


A los padres que crían
con tanto amor a sus hijos,
en esos hombres y mujeres
que trabajan para llevar
el pan a su casa,
en los enfermos,
en las religiosas ancianas
que siguen sonriendo.

En esta constancia para
seguir adelante día a día,
veo la santidad de
la Iglesia militante.

Esa es muchas veces la santidad
«de la puerta de al lado»,
de aquellos que viven
cerca de nosotros
y son un reflejo de
la presencia de Dios,
o, para usar otra expresión,
«la clase media
de la santidad»[4].



[4]
Cf. Joseph Malègue,
Pierres noires.
Les classes moyennes
du Salut,
París 1958.

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Punto 8.
Dejémonos estimular
por los signos de santidad
que el Señor nos presenta

a través de los más
humildes miembros
de ese pueblo que
«participa también
de la función profética de Cristo,
difundiendo su testimonio vivo
sobre todo con
la vida de fe
y caridad»[5].


Pensemos, como nos sugiere
santa Teresa Benedicta de la Cruz,
que a través de muchos de ellos
se construye la verdadera historia:

«En la noche más oscura
surgen los más grandes
profetas y los santos.

Sin embargo,
la corriente vivificante
de la vida mística
permanece invisible.

Seguramente,
los acontecimientos decisivos
de la historia del mundo
fueron esencialmente
influenciados por almas
sobre las cuales nada dicen
los libros de historia.

Y cuáles sean las almas
a las que hemos
de agradecer
los acontecimientos
decisivos de nuestra
vida personal,
es algo que solo sabremos
el día en que
todo lo oculto
será revelado»[6].



[5]
Conc. Ecum. Vat. II,
Const. dogm.
Lumen gentium,
sobre la Iglesia, 12.

[6] Vida escondida
y epifanía,

en Obras Completas V,
Burgos 2007, 637.

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Punto 9.
La santidad es el rostro
más bello de la Iglesia.


Pero aun fuera
de la Iglesia Católica
y en ámbitos muy diferentes,
el Espíritu suscita
«signos de su presencia,
que ayudan a los mismos
discípulos de Cristo»[7].


Por otra parte,
san Juan Pablo II
nos recordó que
«el testimonio
ofrecido a Cristo
hasta el derramamiento
de la sangre
se ha hecho
patrimonio común
de católicos,
ortodoxos,
anglicanos
y protestantes»[8].


En la hermosa
conmemoración
ecuménica que
él quiso celebrar
en el Coliseo,
durante el
Jubileo del año 2000,
sostuvo que los mártires
son «una herencia que
habla con una voz más fuerte
que la de los factores
de división»[9].



[7]
S. Juan Pablo II, Carta ap.
Novo millennio ineunte
(6 enero 2001), 56:
AAS 93 (2001), 307.

[8] Carta ap.
[i]Tertio millennio adveniente

(10 noviembre 1994), 37:
AAS 87 (1995), 29.

[9] Homilía en
la Conmemoración ecuménica
de los testigos de la fe
del siglo XX

(7 mayo 2000), 5:
AAS 92 (2000), 680-681.

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EL SEÑOR LLAMA

Punto 10.
Todo esto es
importante.

Sin embargo, lo que
quisiera recordar
con esta Exhortación
es sobre todo
el llamado a
la santidad

que el Señor hace
a cada uno de nosotros,
ese llamado que
te dirige también a ti:

«Sed santos,
porque yo soy santo»

(Lv 11,45; cf. 1 P 1,16).

El Concilio Vaticano II
lo destacó con fuerza:

«Todos los fieles, cristianos,
de cualquier condición y estado,
fortalecidos con tantos
y tan poderosos
medios de salvación,
son llamados por el Señor,
cada uno por su camino,
a la perfección de
aquella santidad
con la que es perfecto
el mismo Padre»[10].



[10]
Const. dogm.
Lumen gentium,
sobre la Iglesia, 11.

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--------------------------------------------------------------------------------

Para ver el texto completo, pulsar en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html


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esoto
 
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Re: «EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 0

Notapor Maria de Lourdes » 09 Abr 2018 16:37

esoto escribió:Imagen

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
«GAUDETE ET EXSULTATE»

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

"SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL"

1. «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12),

dice Jesús a los que son
perseguidos o humillados
por su causa.

El Señor lo pide todo,
y lo que ofrece es
la verdadera vida,
la felicidad para
la cual fuimos creados.

Él nos quiere santos
y no espera que
nos conformemos
con una existencia
mediocre,
aguada,
licuada.

En realidad, desde
las primeras páginas
de la Biblia está presente,
de diversas maneras,
el llamado a la santidad.

Así se lo proponía
el Señor a Abraham:

«Camina en mi presencia
y sé perfecto»
(Gn 17,1).



Para ver el texto completo, pulsar en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html


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Re: «EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 0

Notapor Montemar » 09 Abr 2018 19:29

¡¡Gracias, esoto!!
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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 01)»

Notapor esoto » 10 Abr 2018 07:54

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1. «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12),

dice Jesús a los que son
perseguidos o humillados
por su causa.

El Señor lo pide todo,
y lo que ofrece es
la verdadera vida,
la felicidad para
la cual fuimos creados.

Él nos quiere santos
y no espera que
nos conformemos
con una existencia
mediocre,
aguada,
licuada.

En realidad, desde
las primeras páginas
de la Biblia está presente,
de diversas maneras,
el llamado a la santidad.

Así se lo proponía
el Señor a Abraham:

«Camina en mi presencia
y sé perfecto»
(Gn 17,1).
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Re: «EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 0

Notapor Montemar » 10 Abr 2018 08:58

¡¡Gracias, esoto!!
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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 02)»

Notapor esoto » 11 Abr 2018 15:20

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2. No es de esperar aquí
un tratado sobre
la santidad,

con tantas definiciones
y distinciones
que podrían enriquecer
este importante tema,
o con análisis que
podrían hacerse
acerca de los medios
de santificación.

Mi humilde objetivo
es hacer resonar
una vez más
el llamado
a la santidad,
procurando
encarnarlo
en el contexto actual,
con sus riesgos,
desafíos y
oportunidades.

Porque a cada uno de nosotros
el Señor nos eligió
«para que fuésemos santos
e irreprochables ante él
por el amor»
(Ef 1,4).


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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 03)»

Notapor esoto » 12 Abr 2018 07:55

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CAPÍTULO PRIMERO:
EL LLAMADO A
LA SANTIDAD

LOS SANTOS
QUE NOS ALIENTAN
Y ACOMPAÑAN

Punto 3.
En la carta a los Hebreos
se mencionan distintos testimonios
que nos animan a que «corramos,
con constancia, en la carrera
que nos toca»
(12,1).

Allí se habla de Abraham, de Sara,
de Moisés, de Gedeón y de varios más
(cf. 11,1-12,3) y sobre todo
se nos invita a reconocer
que tenemos «una nube
tan ingente de testigos» (12,1)
que nos alientan a no
detenernos en el camino,
nos estimulan a seguir
caminando hacia la meta.

Y entre ellos puede estar
nuestra propia madre,
una abuela u otras
personas cercanas
(cf. 2 Tm 1,5).

Quizá su vida
no fue siempre
perfecta,
pero aun en medio
de imperfecciones y caídas
siguieron adelante
y agradaron al Señor.
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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 04)

Notapor esoto » 13 Abr 2018 15:31

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Punto 4.
Los santos que ya han llegado
a la presencia de Dios
mantienen con nosotros
lazos de amor y comunión.


Lo atestigua
el libro del Apocalipsis
cuando habla de
los mártires
que interceden:

«Vi debajo del altar
las almas de los degollados
por causa de la Palabra de Dios
y del testimonio que mantenían.

Y gritaban con voz potente:

“¿Hasta cuándo,
Dueño santo y veraz,
vas a estar
sin hacer justicia?”»

(6,9-10).

Podemos decir que
«estamos rodeados,
guiados y conducidos
por los amigos de Dios […]

No tengo que llevar
yo solo lo que, en realidad,
nunca podría soportar yo solo.

La muchedumbre de
los santos de Dios
me protege,
me sostiene y
me conduce» [1].


[1]
Benedicto XVI,
Homilía en el solemne
inicio del ministerio petrino

(24 abril 2005):
AAS 97 (2005), 708.
Última edición por esoto el 15 Abr 2018 08:53, editado 4 veces en total
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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 05)»

Notapor esoto » 14 Abr 2018 07:09

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Punto 5.
En los procesos de beatificación y canonización

se tienen en cuenta los signos de heroicidad
en el ejercicio de las virtudes,
la entrega de la vida en el martirio
y también los casos en que se haya verificado
un ofrecimiento de la propia vida por los demás,
sostenido hasta la muerte.

Esa ofrenda expresa
una imitación
ejemplar de Cristo,
y es digna de
la admiración
de los fieles[2].

Recordemos, por ejemplo,
a la beata María Gabriela Sagheddu,
que ofreció su vida por
la unión de los cristianos.


[2]
Supone de todos modos
que haya fama de santidad y un ejercicio,
al menos en grado ordinario,
de las virtudes cristianas:
cf. Motu proprio
Maiorem hac dilectionem (11 julio 2017),
art. 2c: L’Osservatore Romano (12 julio 2017), p. 8.
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«EXHORTACIÓN APOSTÓLICA: “GAUDETE ET EXSULTATE” (Punto 06)»

Notapor esoto » 15 Abr 2018 08:55

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LOS SANTOS
DE LA PUERTA
DE AL LADO

Punto 6.
No pensemos solo
en los ya beatificados
o canonizados.


El Espíritu Santo
derrama santidad
por todas partes,
en el santo pueblo
fiel de Dios,
porque «fue
voluntad de Dios
el santificar y salvar
a los hombres,
no aisladamente,
sin conexión alguna
de unos con otros,
sino constituyendo un pueblo,
que le confesara en verdad
y le sirviera santamente»[3].


El Señor,
en la historia
de la salvación,
ha salvado
a un pueblo.

No existe identidad plena
sin pertenencia a un pueblo.

Por eso nadie se salva solo,
como individuo aislado,
sino que Dios nos atrae
tomando en cuenta
la compleja trama
de relaciones interpersonales
que se establecen
en la comunidad humana:

Dios quiso entrar
en una dinámica popular,
en la dinámica de un pueblo.


[3]
Conc. Ecum. Vat. II,
Const. dogm.
Lumen gentium,
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